Versículo clave
«Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?»
Mateo 19:4
Introducción
Hermanos, en esta hora vamos a reflexionar en una verdad sencilla, pero profundamente importante: fuimos creados por Dios.
No aparecimos por casualidad. No somos un accidente de la naturaleza. Nuestra existencia no es producto de un error. La Biblia enseña que hay un Creador que pensó en nosotros, nos formó y nos concedió vida.
Y esta verdad cambia completamente la manera en que una persona se ve a sí misma.
Cuando alguien desconoce su origen, fácilmente puede sentirse sin valor, sin dirección y sin propósito. Puede comenzar a creer que su vida no tiene sentido o que debe permitir que otras personas definan quién es.
Pero Jesús nos dirige nuevamente al principio y nos recuerda: «El que los hizo al principio».
Es decir, para entender quiénes somos, debemos regresar al Creador.
Hoy existen muchas voces que intentan definir el valor, la identidad, el matrimonio y la familia. Sin embargo, Jesús no dirigió a sus oyentes hacia las costumbres de Roma, las opiniones de los fariseos ni las ideas populares de su tiempo.
Jesús los dirigió a la Creación.
Por eso, durante este mensaje vamos a responder tres preguntas importantes:
¿Quién nos creó?
¿Cómo nos creó?
¿Para qué nos creó?
Contexto bíblico
El pasaje de Mateo 19 comienza cuando algunos fariseos se acercaron a Jesús para ponerlo a prueba.
Ellos le preguntaron:
«¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?»
En aquella época existían discusiones entre los maestros religiosos acerca del divorcio. Algunos afirmaban que un hombre podía divorciarse de su esposa casi por cualquier motivo. Otros sostenían una interpretación más limitada.
Los fariseos querían obligar a Jesús a tomar partido en aquella controversia.
Pero Jesús no se dejó encerrar en una discusión basada solamente en opiniones humanas.
En lugar de comenzar por el divorcio, Jesús comenzó por la Creación.
Les dijo:
«¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?»
Con esta respuesta, Jesús enseñó que, cuando el ser humano se confunde acerca de la vida, debe regresar al diseño original de Dios.
Antes del pecado, antes de las sociedades humanas, antes de las culturas y antes de las leyes civiles, Dios ya había establecido principios para la humanidad.
Dios creó al hombre y a la mujer.
Dios instituyó el matrimonio.
Dios formó el primer hogar.
Dios dio valor y propósito a cada ser humano.
Por eso, la primera gran enseñanza de este pasaje es que Dios es nuestro Creador.
1. Dios es el autor de nuestra vida
Jesús dijo: «El que los hizo».
No dijo: «Los que aparecieron».
No dijo: «Los que surgieron sin propósito».
Dijo: «El que los hizo».
Hay una inteligencia, una voluntad y un amor detrás de nuestra existencia.
Génesis 1:27 declara:
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó».
Cada persona que está aquí fue creada por Dios.
Quizá alguien puede pensar: «Pero mi nacimiento no fue planeado».
Tal vez sus padres no esperaban un hijo. Tal vez las circunstancias de su nacimiento fueron difíciles. Tal vez creció sintiéndose rechazado.
Sin embargo, aunque una persona no haya sido planeada por sus padres, nunca fue desconocida para Dios.
El Salmo 139 dice que Dios conoce nuestra vida desde antes de nuestro nacimiento.
Nuestro valor, por lo tanto, no depende de las circunstancias en las que llegamos al mundo. Nuestro valor proviene de aquel que nos creó.
Pensemos en un artista reconocido. Cuando ese artista crea una obra, la obra tiene valor por quien la hizo. De manera semejante, la vida humana tiene un valor incalculable porque fue diseñada por el Creador del universo.
Esto significa que una persona no vale más porque tenga dinero.
No vale más porque tenga estudios.
No vale más porque sea físicamente atractiva.
No vale menos porque tenga una discapacidad.
No vale menos porque haya envejecido.
No vale menos porque haya cometido errores.
Todo ser humano posee dignidad porque fue creado por Dios.
Esta verdad también debe cambiar la manera en que tratamos a los demás.
No podemos decir que amamos al Creador mientras despreciamos a las criaturas que llevan su imagen.
El compañero de trabajo difícil fue creado por Dios.
La persona pobre fue creada por Dios.
El anciano fue creado por Dios.
El niño fue creado por Dios.
Incluso la persona que piensa diferente de nosotros merece ser tratada con respeto, dignidad y compasión.
2. Fuimos creados a imagen de Dios
La Biblia no solamente dice que fuimos creados por Dios. Dice que fuimos creados a su imagen.
Esto no significa que Dios tenga exactamente nuestra apariencia física. Significa que el ser humano recibió cualidades que le permiten reflejar algo del carácter de su Creador.
Dios nos dio la capacidad de pensar.
Nos dio la capacidad de amar.
Nos dio conciencia moral.
Nos dio la capacidad de elegir.
Nos dio la capacidad de comunicarnos y de relacionarnos con él.
Los animales pueden actuar por instinto, pero el ser humano puede preguntarse: «¿Qué es correcto? ¿Qué es injusto? ¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Quién es Dios?»
Fuimos creados para mantener una relación con nuestro Creador.
Sin embargo, el pecado dañó la imagen de Dios en el ser humano.
Por eso existen el egoísmo, la violencia, la mentira, el odio y la injusticia.
No obstante, el pecado no eliminó nuestro valor. Tampoco eliminó el propósito de Dios.
Por medio de Jesucristo, Dios quiere restaurar su imagen en nosotros.
Romanos 8:29 enseña que el propósito de Dios es que seamos hechos conformes a la imagen de su Hijo.
En otras palabras, Cristo quiere restaurar en nosotros el carácter que el pecado ha dañado.
Donde hay egoísmo, quiere poner amor.
Donde hay amargura, quiere poner perdón.
Donde hay impureza, quiere poner santidad.
Donde hay mentira, quiere poner verdad.
Donde hay orgullo, quiere poner humildad.
La vida cristiana no consiste únicamente en asistir a una iglesia o conocer doctrinas. Consiste en permitir que el Espíritu Santo restaure diariamente la imagen de Dios en nuestro carácter.
Podemos preguntarnos:
Cuando las personas observan mi vida, ¿pueden ver algo del carácter de Dios?
¿Pueden ver paciencia?
¿Pueden ver misericordia?
¿Pueden ver honestidad?
¿Pueden ver amor?
No fuimos creados solamente para existir. Fuimos creados para reflejar a Dios.
3. Dios creó al hombre y a la mujer
Jesús continuó diciendo:
«Varón y hembra los hizo».
Estas palabras confirman que el hombre y la mujer forman parte del diseño de Dios.
Ambos fueron creados a imagen de Dios.
Ambos poseen la misma dignidad.
Ambos necesitan la salvación.
Ambos pueden recibir los dones del Espíritu Santo.
Ambos son herederos de la vida eterna.
La Biblia no enseña que el hombre sea más valioso que la mujer ni que la mujer sea menos importante que el hombre.
Cuando Dios creó a Eva, no la creó para ser esclava ni para ser maltratada. La creó como compañera adecuada.
Elena de White explicó que Eva no fue tomada de la cabeza de Adán para gobernarlo, ni de sus pies para ser pisoteada, sino de su costado para permanecer a su lado, de debajo de su brazo para ser protegida y cerca de su corazón para ser amada.
Las diferencias entre el hombre y la mujer no fueron creadas para producir rivalidad, sino cooperación.
El problema aparece cuando el pecado convierte las diferencias en abuso, dominio, desprecio o competencia.
En un hogar cristiano, nadie debería usar la Biblia para justificar violencia, manipulación o humillación.
El esposo debe amar.
La esposa debe ser respetada.
Los dos deben escucharse.
Los dos deben perdonarse.
Los dos deben buscar a Dios.
Los dos deben recordar que pertenecen al mismo Creador.
4. El matrimonio fue diseñado por Dios
Después de recordar que Dios creó al hombre y a la mujer, Jesús dijo en Mateo 19:5:
«Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne».
El matrimonio no fue inventado por una cultura o por un gobierno.
El matrimonio nació en el corazón de Dios.
Fue establecido antes de la entrada del pecado.
Dios observó a Adán y dijo:
«No es bueno que el hombre esté solo».
Entonces creó a Eva y realizó la primera unión matrimonial.
Elena de White escribió:
«Dios celebró la primera boda».
También explicó que la institución del matrimonio tiene como autor al Creador del universo.
Esto significa que el matrimonio es más que un contrato legal.
Es un pacto.
Un contrato puede romperse cuando alguna de las partes deja de obtener beneficios. Pero un pacto implica compromiso, fidelidad y entrega.
El matrimonio bíblico no se sostiene solamente con emociones.
Las emociones cambian.
Hay días de alegría y días de cansancio.
Hay momentos de cercanía y momentos de tensión.
Hay temporadas de abundancia y temporadas de necesidad.
Por eso el matrimonio necesita decisión.
Necesita oración.
Necesita perdón.
Necesita comunicación.
Necesita respeto.
Necesita que Cristo sea el centro.
Muchos problemas matrimoniales comienzan cuando cada uno piensa solamente en lo que el otro debe darle.
El esposo piensa: «Ella debe hacerme feliz».
La esposa piensa: «Él debe satisfacer todas mis necesidades».
Pero el amor bíblico pregunta: «¿Cómo puedo servir? ¿Cómo puedo cuidar? ¿Cómo puedo reflejar a Cristo en esta relación?»
Efesios 5 presenta el amor de Cristo como modelo para el hogar.
Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella.
El verdadero amor no es egoísta. No pregunta solamente qué puede recibir, sino qué puede dar.
Quizá hay matrimonios heridos que escuchan este mensaje.
Tal vez han existido discusiones, indiferencia, palabras hirientes o pérdida de confianza.
El diseño de Dios sigue siendo bueno, aunque nuestra experiencia haya sido dolorosa.
Y el mismo Dios que creó el matrimonio puede restaurar un hogar cuando existe arrepentimiento, sinceridad y disposición para cambiar.
5. Fuimos creados con propósito
Ser creados por Dios también significa que nuestra vida tiene propósito.
No estamos aquí solamente para nacer, trabajar, pagar cuentas, envejecer y morir.
Fuimos creados para conocer a Dios.
Fuimos creados para amar.
Fuimos creados para servir.
Fuimos creados para reflejar el carácter de Cristo.
Efesios 2:10 declara:
«Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras».
Observe la expresión: «hechura suya».
Somos una obra de Dios.
Tal vez todavía somos una obra en proceso. Hay áreas de nuestro carácter que necesitan transformación. Hay heridas que deben sanar. Hay hábitos que deben cambiar.
Pero Dios no abandona su obra.
Filipenses 1:6 dice que aquel que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.
No debemos definirnos por nuestro peor error.
Pedro negó a Jesús, pero no terminó siendo recordado solamente como el hombre que negó a Cristo.
Dios lo restauró y lo utilizó poderosamente.
Moisés cometió errores, pero Dios todavía tenía un propósito para él.
David cayó profundamente, pero cuando se arrepintió, Dios lo levantó.
Nuestra historia no tiene que terminar en el fracaso.
El Creador también es Restaurador.
Él puede tomar una vida quebrantada y darle nuevamente dirección.
Ilustración
Imaginemos que compramos un aparato muy costoso y complicado.
Al abrir la caja encontramos un manual del fabricante.
Pero en lugar de leerlo, decidimos utilizar el aparato de acuerdo con nuestras propias ideas.
Presionamos botones sin saber su función, lo conectamos incorrectamente y lo utilizamos para algo que no fue diseñado.
Finalmente, el aparato comienza a fallar.
¿A quién deberíamos acudir?
Al fabricante.
De la misma manera, cuando la humanidad se confunde acerca de la identidad, el propósito, la familia y el matrimonio, debe regresar al Creador.
La Biblia es la Palabra del Fabricante.
Dios sabe cómo fuimos creados.
Él sabe qué necesitamos.
Él sabe qué puede dañarnos.
Él sabe qué puede darnos verdadera plenitud.
La libertad no consiste en ignorar al Creador. La verdadera libertad se encuentra cuando vivimos de acuerdo con su diseño.
Aplicación
Quiero invitar a cada persona a considerar tres aplicaciones.
Primero, reconoce tu valor.
Tal vez has permitido que las palabras de alguien definan tu vida.
Quizá alguien te dijo que no servías, que eras incapaz, que nadie te amaría o que tu vida no tenía importancia.
Pero tu valor no está determinado por lo que alguien dijo acerca de ti.
Tu valor está determinado por quien te creó.
Dios te hizo.
Cristo murió por ti.
El cielo considera que tu vida tiene un valor inmenso.
Segundo, trata a los demás como criaturas de Dios.
No humilles.
No discrimines.
No uses palabras que destruyen.
No maltrates a tu cónyuge.
No hieras a tus hijos.
No ignores al necesitado.
Cada persona lleva la marca de su Creador.
Tercero, vive conforme al propósito de Dios.
Pregúntate:
¿Estoy utilizando mi vida para glorificar a Dios?
¿Mi manera de hablar refleja a mi Creador?
¿Mis decisiones honran su diseño?
¿Mi hogar está bajo la dirección de Cristo?
Llamado
Quizá alguien ha vivido durante mucho tiempo lejos del diseño de Dios.
Tal vez has intentado encontrar identidad en la opinión de las personas.
Tal vez has buscado valor en el dinero, en la apariencia, en una relación o en el reconocimiento.
Pero hoy Jesús te invita a regresar al principio.
Te invita a regresar al Creador.
Dios conoce tus luchas, tus dudas, tus heridas y tus pecados.
Él no solamente sabe cómo fuiste creado. También sabe cómo restaurarte.
Quizá la imagen de Dios ha sido dañada en tu carácter.
Quizá tu matrimonio necesita sanidad.
Quizá tu hogar necesita dirección.
Quizá has perdido de vista el propósito de tu vida.
Hoy puedes decir:
«Señor, reconozco que tú eres mi Creador. Quiero que tu Palabra defina mi vida. Restaura tu imagen en mí. Dirige mi hogar y ayúdame a vivir para tu gloria».
Dios todavía trabaja con las personas que se colocan en sus manos.
No eres un accidente.
No eres una vida olvidada.
No eres un caso perdido.
Eres una criatura amada por Dios y redimida por Jesucristo.
Oración final
Padre celestial, gracias porque nos creaste con amor, dignidad y propósito.
Perdónanos por las veces en que hemos permitido que el mundo, las heridas o las opiniones humanas definan nuestra identidad.
Ayúdanos a recordar que somos obra de tus manos.
Restaura tu imagen en nuestro carácter. Quita de nosotros el orgullo, el egoísmo, la amargura y la impureza. Llénanos de amor, verdad, misericordia y santidad.
Bendice nuestros hogares. Fortalece los matrimonios, sana las relaciones heridas y enseña a cada esposo y esposa a tratarse con amor y respeto.
Ayúdanos también a mirar a cada persona como alguien creado por ti.
Que nuestra vida, nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras relaciones glorifiquen siempre tu nombre.
En el nombre de Jesús. Amén.
Frase final
No somos producto de la casualidad: fuimos creados por Dios, restaurados por Cristo y llamados a vivir para su gloria.
