Escuela Sabática | Para el sábado 10 de octubre de 2026
Texto para memorizar:
«Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”» (Isaías 6:8).
Introducción: Dios sigue hablando a su pueblo
Desde el principio, Dios ha buscado la manera de comunicarse con los seres humanos. Aunque el pecado nos separó de él, nunca dejó de amarnos ni de mostrarnos el camino de la salvación.
Una de las formas que Dios utilizó para hablar con su pueblo fue por medio de los profetas. Estos hombres y mujeres recibían mensajes del Señor y tenían la responsabilidad de compartirlos.
Sin embargo, ser profeta no era una tarea fácil. Muchas veces debían decir cosas que la gente no quería escuchar. Algunos fueron rechazados, perseguidos y hasta perdieron la vida por mantenerse fieles a Dios.
Lo interesante es que Dios no escogió solamente a personas fuertes, importantes o sin defectos. También llamó a personas sencillas, que tenían temores, debilidades y dificultades.
En esta lección estudiaremos las experiencias de Abraham, Elías, Isaías, Daniel, Juan el Bautista y Elena de White. Cada uno vivió en una época diferente, pero todos nos dejan una enseñanza: cuando Dios llama a una persona, también le ofrece la ayuda necesaria para cumplir su misión.
Esta semana aprenderemos que el propósito de los mensajes proféticos no es solamente anunciar acontecimientos futuros, sino también acercarnos a Dios, invitarnos al arrepentimiento y prepararnos para la segunda venida de Jesús.
Sábado 3 de octubre: El llamado de un profeta
Lecturas bíblicas: Génesis 15:6; Gálatas 3:6-9; 1 Reyes 18:19-39; Isaías 53; Daniel 2:46-48; Marcos 1:2-5; Mateo 11:1-6.
Explicación del estudio
Cuando escuchamos la palabra profeta, muchas veces pensamos en alguien que anuncia lo que ocurrirá en el futuro.
Pero el trabajo de un profeta era mucho más amplio.
Los profetas eran mensajeros de Dios. Su responsabilidad era enseñar al pueblo a vivir conforme a la voluntad del Señor, advertir acerca de las consecuencias del pecado y recordar las promesas divinas.
Por ejemplo, cuando Israel comenzaba a adorar ídolos, Dios enviaba profetas para llamarlo al arrepentimiento. Cuando el pueblo sufría y perdía la esperanza, Dios también utilizaba a sus mensajeros para darle consuelo.
Es decir, los profetas no solamente anunciaban advertencias; también llevaban mensajes de amor, perdón y esperanza.
Una de las cosas que más llama la atención es que muchos de ellos tuvieron miedo cuando Dios los llamó.
Moisés pensaba que no sabía hablar bien. Jeremías decía que era demasiado joven. Isaías reconoció que era un hombre pecador.
Sin embargo, Dios no los abandonó por sus debilidades. Los ayudó a realizar la tarea que les había encomendado.
¿Qué significa esto para nosotros?
Aunque no todos somos llamados a ser profetas, todos los cristianos tenemos la responsabilidad de compartir el amor de Dios.
Podemos hacerlo enseñando la Biblia, ayudando al necesitado, hablando de Jesús con nuestros familiares o dando un buen ejemplo.
No necesitamos ser personas famosas ni tener muchos estudios para servir al Señor.
Enseñanza del sábado: Dios no busca personas que crean tener todas las capacidades. Busca corazones dispuestos a escucharlo y obedecerlo.
Domingo 4 de octubre: Abraham, el defensor del pacto
Lecturas bíblicas: Génesis 15:6; Gálatas 3:6-9; Hebreos 11:8.
Explicación del estudio
Abraham vivió en una época en la que muchas personas adoraban dioses falsos. En medio de esa situación, el Señor lo llamó para comenzar una nueva etapa en la historia de su pueblo.
Dios le pidió que dejara su tierra, sus familiares y el lugar donde había vivido, para dirigirse a una tierra que todavía no conocía.
No debió haber sido una decisión sencilla. Abraham tenía que abandonar lo conocido y comenzar un camino lleno de incertidumbre.
Sin embargo, decidió confiar en Dios.
La Biblia dice en Hebreos 11:8 que Abraham obedeció y salió de su tierra sin saber a dónde iba.
Esto nos enseña que tener fe no significa conocer todos los detalles del futuro, sino confiar en aquel que nos está guiando.
Abraham también enfrentó una de las pruebas más difíciles de su vida cuando Dios le pidió que ofreciera a Isaac, el hijo de la promesa.
Abraham obedeció, pero Dios detuvo su mano antes de que sacrificara a su hijo y proveyó un carnero.
Esta experiencia no solamente puso a prueba su fe. También nos ayuda a comprender el gran sacrificio que Dios haría al entregar a su propio Hijo para salvarnos.
Respuesta a las preguntas de la lección
1. ¿Qué aspectos de la vida y el carácter de Abraham lo hacían apto para el servicio de Dios a pesar de sus imperfecciones?
Abraham tenía tres características muy importantes: fe, confianza y obediencia.
Primero, creía en las promesas de Dios, aunque algunas parecieran imposibles.
Segundo, estuvo dispuesto a dejar su comodidad para seguir la dirección del Señor.
Tercero, cuando Dios lo llamaba, Abraham procuraba obedecer.
Esto no significa que Abraham nunca cometiera errores. La Biblia muestra que también tuvo momentos de debilidad y tomó decisiones equivocadas.
Pero su vida se caracterizó por aprender a confiar en Dios.
El Señor pudo utilizarlo porque Abraham estuvo dispuesto a seguirlo.
De la misma manera, Dios puede trabajar en nuestra vida, aunque tengamos defectos que necesitamos vencer con su ayuda.
2. ¿Cómo podemos ver la promesa del evangelio en Génesis 15:6?
El versículo dice:
«Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia».
Estas palabras enseñan una verdad maravillosa: somos aceptados por Dios mediante la fe, no porque hayamos logrado salvarnos por nuestras propias buenas obras.
Abraham no obtuvo la justicia porque fuera un hombre perfecto, sino porque creyó en Dios y confió en sus promesas.
Esto mismo enseña el apóstol Pablo en Gálatas 3:6-9.
La salvación siempre ha sido un regalo de la gracia divina, recibido mediante la fe.
La obediencia es importante, pero no es el precio que pagamos para comprar la salvación. Es el resultado de una fe verdadera que transforma nuestra manera de vivir.
3. ¿Qué esperanza encontramos en esta promesa?
La esperanza es que Dios también puede perdonarnos y aceptarnos cuando nos acercamos a él con fe y arrepentimiento.
Tal vez hemos cometido errores o hemos fallado muchas veces. Pero eso no significa que ya no exista esperanza para nosotros.
Jesús murió por nuestros pecados y nos ofrece una nueva oportunidad.
Aplicación para nuestra vida
En ocasiones, Dios permite que enfrentemos situaciones en las que no sabemos qué ocurrirá.
Puede ser una enfermedad, una dificultad económica, un problema familiar o una decisión importante.
En esos momentos necesitamos recordar la experiencia de Abraham.
No siempre podremos entender el camino, pero podemos confiar en el Señor que nos acompaña.
Enseñanza del domingo: La fe verdadera no consiste en comprenderlo todo, sino en confiar en Dios y obedecer su Palabra, incluso cuando el camino parece incierto.
Lunes 5 de octubre: El mensaje de Elías
Lecturas bíblicas: 1 Reyes 18:19-39; Malaquías 4:5-6.
Explicación del estudio
En tiempos del profeta Elías, el pueblo de Israel se había alejado de Dios.
Muchos israelitas comenzaron a adorar a Baal, un dios falso que, según sus seguidores, tenía poder sobre la lluvia y la fertilidad de la tierra.
El rey Acab y su esposa Jezabel contribuyeron a que esa idolatría se extendiera por el país.
Dios envió a Elías para advertirles que estaban siguiendo un camino equivocado.
Después de un largo período de sequía, Elías reunió al pueblo y a los profetas de Baal en el monte Carmelo.
Allí hizo una pregunta que sigue siendo importante para nosotros:
«¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él» (1 Reyes 18:21).
Elías quería que las personas comprendieran que no podían servir a Dios y al mismo tiempo mantenerse entregadas a la idolatría.
Los profetas de Baal clamaron durante horas, pero no recibieron ninguna respuesta.
En cambio, cuando Elías oró, Dios respondió enviando fuego del cielo.
El pueblo reconoció entonces que Jehová era el Dios verdadero.
El propósito de aquel milagro no era demostrar que Elías fuera un hombre importante, sino ayudar a Israel a regresar al Señor.
Respuesta a las preguntas de la lección
1. ¿Qué podemos aprender de esta historia acerca de cómo opera el don profético?
Aprendemos que Dios utiliza a sus profetas para corregir, orientar y llamar al arrepentimiento.
Elías no llevó un mensaje inventado por él. Transmitió lo que Dios quería comunicar.
Aunque el rey y muchas personas estaban en su contra, permaneció fiel a su misión.
También aprendemos que el poder no estaba en Elías, sino en Dios.
El fuego que descendió del cielo fue una respuesta divina.
Esto nos recuerda que un verdadero mensajero de Dios debe conducir a las personas hacia el Señor y no buscar la admiración para sí mismo.
2. ¿Cómo influye el mensaje de Elías en los hogares de quienes siguen a Dios?
Malaquías 4:5-6 habla de volver el corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres.
Este mensaje nos enseña que la verdadera renovación espiritual también debe llegar a nuestras familias.
De poco sirve decir que amamos a Dios si tratamos con desprecio a las personas de nuestra propia casa.
Un hogar donde Cristo ocupa el primer lugar debe esforzarse por practicar el perdón, la paciencia, el respeto y el amor.
Esto no significa que las familias cristianas nunca tendrán problemas, sino que buscarán resolverlos siguiendo los principios de la Palabra de Dios.
El avivamiento espiritual comienza en el corazón y debe reflejarse en nuestra manera de tratar a los demás.
3. ¿Qué ídolos pueden existir actualmente en nuestros hogares y corazones?
Hoy muchos cristianos no se inclinan delante de estatuas, pero eso no significa que estén libres de la idolatría.
Un ídolo es cualquier cosa que ocupa en nuestro corazón el lugar que solamente le corresponde a Dios.
Puede ser el amor excesivo al dinero, el orgullo, la búsqueda de reconocimiento o alguna actividad que consume todo nuestro tiempo y nos aparta del Señor.
Incluso cosas buenas, como el trabajo o la tecnología, pueden convertirse en un problema cuando permitimos que gobiernen nuestra vida.
Por eso es importante preguntarnos: ¿qué lugar ocupa Dios en mis decisiones, mis pensamientos y mis prioridades?
Aplicación para nuestra vida
El mensaje de Elías sigue siendo necesario.
Dios nos invita a abandonar aquello que nos aleja de él y a renovar nuestra relación con Jesús.
También nos llama a preparar nuestros hogares para su venida, enseñando con palabras, pero principalmente con el ejemplo.
Enseñanza del lunes: El verdadero avivamiento comienza cuando dejamos nuestros ídolos y permitimos que Dios transforme nuestro corazón y nuestra familia.
Martes 6 de octubre: Isaías, el profeta precursor del evangelio
Lecturas bíblicas: Isaías 6:1-8; Isaías 53.
Explicación del estudio
Isaías fue uno de los profetas más importantes del Antiguo Testamento.
Dios lo llamó en un momento en que el pueblo de Israel necesitaba escuchar mensajes de arrepentimiento y esperanza.
En Isaías 6 encontramos una experiencia extraordinaria.
El profeta tuvo una visión de la gloria y la santidad de Dios. Al contemplar aquella escena, reconoció su propia condición pecadora.
Entonces exclamó:
«¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios […] han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos» (Isaías 6:5).
Isaías comprendió que, por sus propias fuerzas, no era digno de estar delante de Dios.
Pero el Señor no lo rechazó.
Un serafín tocó sus labios con un carbón encendido tomado del altar, como señal de que su culpa había sido quitada y su pecado perdonado.
Después, cuando Dios preguntó a quién enviaría, Isaías respondió:
«Aquí estoy, envíame a mí».
Primero recibió el perdón de Dios y después aceptó la misión.
Este orden es importante. No servimos al Señor para ganar su perdón, sino porque su gracia nos transforma y nos mueve a servirlo.
Respuesta a las preguntas de la lección
1. ¿Cómo reveló Isaías 53 la muerte de Cristo por nosotros muchos años antes de que ocurriera?
Isaías 53 contiene una de las profecías más hermosas acerca del Salvador.
Mucho antes del nacimiento de Jesús, este capítulo anunció que el Mesías sería rechazado, sufriría y entregaría su vida por los pecadores.
Isaías escribió:
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5).
Estas palabras explican por qué Jesús murió en la cruz.
Cristo no sufrió porque hubiera cometido algún pecado. Él era inocente.
Murió porque nos amó y tomó sobre sí las consecuencias de nuestros pecados.
La profecía también presenta al Mesías como un cordero llevado al matadero, una imagen que nos recuerda la mansedumbre con la que Jesús enfrentó su sufrimiento.
2. ¿Qué nos enseña esta profecía acerca del don profético?
Nos enseña que Dios conoce el futuro y puede revelar acontecimientos importantes a sus mensajeros.
Isaías no pudo haber conocido por sí mismo todos los detalles de la misión de Cristo.
Su mensaje fue inspirado por Dios y forma parte del testimonio bíblico acerca del plan de salvación.
También nos recuerda que el centro de la verdadera profecía es conducir a las personas hacia Dios y su obra redentora.
3. ¿Qué hizo Jesús por nosotros según Isaías 53?
El capítulo presenta varias verdades importantes.
Jesús llevó nuestros dolores, sufrió por nuestras rebeliones, cargó con nuestros pecados y entregó voluntariamente su vida.
Por medio de su sacrificio, abrió el camino para que podamos recibir el perdón y la reconciliación con Dios.
Además, Isaías 53:12 lo presenta intercediendo por los transgresores.
Todo esto muestra la profundidad del amor de Cristo.
No merecíamos la salvación, pero Jesús estuvo dispuesto a dar su vida para rescatarnos.
4. ¿Qué esperanza encontramos en esta profecía?
La esperanza es que nuestro pecado no tiene por qué ser el final de nuestra historia.
Podemos acudir a Cristo con arrepentimiento, porque él ha provisto el sacrificio necesario para nuestra salvación.
Cuando la culpa nos haga sentir que no merecemos el amor de Dios, debemos recordar que Jesús murió precisamente para salvar a los pecadores.
Aplicación para nuestra vida
Isaías no era perfecto, pero permitió que Dios lo limpiara y lo utilizara.
Nosotros también necesitamos reconocer nuestros errores, pedir perdón y permitir que el Señor transforme nuestra vida.
No debemos concentrarnos solamente en nuestras debilidades. Debemos mirar a Jesús, quien tiene poder para perdonarnos y ayudarnos a cambiar.
Enseñanza del martes: Antes de llamarnos a servir, Dios nos ofrece su gracia. Y el mensaje más importante que podemos compartir es que Jesucristo murió para salvarnos.
Miércoles 7 de octubre: Daniel, el profeta fiel
Lecturas bíblicas: Daniel 1; 2:46-48; 4:18; 5:13-14; 6:25-27.
Explicación del estudio
Daniel fue llevado cautivo a Babilonia cuando todavía era joven.
Había sido separado de su tierra, de su hogar y de muchas de las personas que conocía.
Ahora se encontraba viviendo en un país donde se adoraban dioses falsos y las costumbres eran muy diferentes de las que había aprendido.
Sin embargo, Daniel tomó una decisión importante: permanecer fiel a Dios.
Daniel 1:8 dice que propuso en su corazón no contaminarse con la comida y el vino del rey.
Aunque se encontraba lejos de su familia, decidió respetar los principios que había aprendido desde pequeño.
Esta fidelidad se mantuvo durante toda su vida.
Cuando fue puesto a prueba, Dios le concedió sabiduría y lo ayudó a dar testimonio delante de reyes y gobernantes.
Uno de los ejemplos más conocidos ocurrió cuando Daniel fue arrojado al foso de los leones por continuar orando a Dios.
El Señor lo protegió y, como resultado, el rey Darío reconoció públicamente el poder del Dios de Daniel.
Respuesta a las preguntas de la lección
1. ¿Qué nos enseñan Daniel 2:46-48; 4:18; 5:13-14 y 6:25-27 acerca del testimonio de Daniel entre los paganos?
Estos pasajes muestran que Daniel fue un testimonio de la grandeza de Dios en medio de personas que no compartían su fe.
El rey Nabucodonosor reconoció el poder del Dios que había revelado el sueño.
Otros gobernantes también reconocieron la sabiduría extraordinaria de Daniel.
Finalmente, el rey Darío proclamó que el Dios de Daniel era el Dios viviente.
Lo más importante es que Daniel no necesitó abandonar sus principios para ganarse el respeto de los demás.
Su manera de vivir demostraba que era posible ser fiel a Dios aun en un ambiente difícil.
Esto nos enseña que nuestro testimonio no depende solamente de lo que decimos, sino también de cómo vivimos.
La honradez, el respeto, la fidelidad y la confianza en Dios pueden ayudar a otras personas a conocerlo.
2. ¿Qué nos enseñan las profecías de Daniel acerca de la historia del mundo?
En Daniel 2 encontramos el sueño de una gran estatua que representaba diferentes reinos.
Según la interpretación profética historicista que sostenemos como adventistas del séptimo día, esos reinos representan a Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma.
Después de estos imperios vendría una etapa de reinos divididos, representada por los pies de hierro y barro.
Pero lo más importante del sueño no son los imperios humanos.
Lo más importante es la piedra que destruye la estatua y se convierte en un gran monte.
Esta piedra representa el reino eterno de Dios.
3. ¿Por qué podemos confiar en la promesa de Daniel 2:44 acerca del reino eterno?
Porque la profecía nos muestra que Dios conoce el desarrollo de la historia y que los reinos humanos no durarán para siempre.
Babilonia desapareció como imperio. También cayeron Medopersia, Grecia y Roma.
Los gobiernos humanos cambian, los reyes mueren y las naciones atraviesan crisis.
Pero el reino de Dios será diferente.
Daniel 2:44 anuncia un reino que jamás será destruido.
Esta promesa nos recuerda que el futuro no depende finalmente de los gobernantes de este mundo, sino del Señor.
Los adventistas entendemos que la culminación de esta profecía está relacionada con el establecimiento definitivo del reino de Cristo.
Aplicación para nuestra vida
Daniel nos enseña que la fidelidad comienza en las decisiones pequeñas.
No necesitamos esperar una prueba extraordinaria para demostrar nuestro amor a Dios.
Cada vez que somos honestos, que elegimos hacer lo correcto o que nos mantenemos firmes ante una tentación, estamos fortaleciendo nuestra relación con el Señor.
Y cuando las noticias del mundo nos llenen de preocupación, podemos recordar la promesa de Daniel.
Los reinos de este mundo son pasajeros, pero el reino de nuestro Dios permanecerá para siempre.
Enseñanza del miércoles: Permanezcamos fieles a Dios en las cosas pequeñas y grandes, porque el Señor gobierna la historia y ha prometido establecer un reino eterno.
Jueves 8 de octubre: Juan el Bautista y la preparación de un pueblo
Lecturas bíblicas: Marcos 1:2-5; Mateo 11:1-6.
Explicación del estudio
Juan el Bautista recibió una misión muy especial: preparar al pueblo para la primera venida de Jesús.
Su ministerio había sido anunciado por los profetas muchos años antes.
Juan predicaba en el desierto y llamaba a las personas a arrepentirse de sus pecados.
Su mensaje era directo, pero necesario.
El pueblo necesitaba reconocer que se había alejado de Dios y que debía preparar su corazón para recibir al Mesías.
Muchas personas acudían para escucharlo, confesaban sus pecados y eran bautizadas en el río Jordán.
Sin embargo, Juan también enfrentó dificultades.
Por denunciar el pecado y mantenerse fiel a la verdad, terminó encarcelado.
Estando en la prisión, comenzó a sentir dudas y necesitó recibir nuevas evidencias acerca de la misión de Jesús.
Entonces envió a sus discípulos para preguntarle si realmente era el Mesías prometido.
Jesús respondió señalando las obras que estaba realizando: los ciegos recuperaban la vista, los cojos caminaban, los enfermos eran sanados y los pobres recibían el evangelio.
Con esta respuesta, Jesús le recordó a Juan que las promesas de Dios se estaban cumpliendo.
Respuesta a las preguntas de la lección
1. Según Marcos 1:2-5, ¿cuál era el propósito del ministerio de Juan el Bautista?
El propósito era preparar al pueblo para recibir a Jesucristo.
Juan llamaba a las personas al arrepentimiento y las invitaba a abandonar sus pecados.
También anunciaba que alguien mucho más poderoso vendría después de él.
Su tarea no consistía en atraer seguidores para sí mismo, sino en dirigir a las personas hacia el Salvador.
Este mismo principio debe estar presente en nuestra vida cristiana.
Cuando enseñamos la Biblia o compartimos un mensaje espiritual, nuestro objetivo no debe ser recibir elogios, sino ayudar a otros a conocer a Jesús.
2. ¿Cómo reafirmó Jesús la fe de Juan mientras estaba en la prisión?
Jesús no respondió con palabras de reproche por las dudas que Juan estaba experimentando.
Le envió una respuesta basada en las obras que estaba realizando.
Los milagros, la predicación del evangelio y la restauración de las personas eran evidencias de que Jesús estaba cumpliendo las profecías acerca del Mesías.
Esto ayudó a Juan a recordar que Dios seguía obrando, aunque sus circunstancias personales fueran dolorosas.
Juan no fue liberado de la prisión, pero recibió ánimo para permanecer fiel.
Esta experiencia nos enseña algo importante: confiar en Dios no significa que siempre comprenderemos lo que está ocurriendo.
A veces el Señor permite situaciones difíciles que no podemos explicar.
Pero podemos continuar confiando en su amor y en sus promesas.
3. ¿Cómo podemos mantener nuestra fe cuando atravesamos momentos difíciles?
Primero, recordando cómo Dios nos ha ayudado en el pasado.
Segundo, estudiando las promesas de la Biblia, incluso cuando no tengamos ganas de hacerlo.
Tercero, manteniendo la oración y buscando el apoyo de hermanos fieles que puedan animarnos.
También debemos recordar que una respuesta de Dios no siempre significa que el problema desaparecerá inmediatamente.
A veces el Señor cambia las circunstancias. Otras veces nos fortalece para atravesarlas.
La experiencia de Juan demuestra que una persona fiel también puede tener preguntas y momentos de tristeza.
Aplicación para nuestra vida
Así como Juan preparó al pueblo para la primera venida de Cristo, hoy tenemos la responsabilidad de anunciar que Jesús volverá.
Esta preparación no consiste solamente en conocer las profecías.
También necesitamos arrepentirnos, fortalecer nuestra fe y vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia.
Los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6-12 forman parte de esta misión de preparar a las personas para el regreso del Señor.
Enseñanza del jueves: Aunque enfrentemos dificultades y tengamos preguntas, podemos mantener nuestra confianza en Jesús. Nuestra misión es preparar los corazones para su segunda venida.
Viernes 9 de octubre: Llamados al ministerio profético
Lecturas complementarias: Daniel 8:14; Apocalipsis 12:17; 19:10; Primeros escritos, pp. 41-50; Mensajes selectos, tomo 1, pp. 36-42.
Explicación del estudio
A lo largo de la historia, Dios ha llamado a diferentes mensajeros para orientar a su pueblo.
Como adventistas del séptimo día, creemos que el don de profecía también se manifestó en el ministerio de Elena G. de White.
Para comprender su llamado, necesitamos conocer lo que ocurrió en el año 1844.
Durante aquellos años, muchas personas estudiaban las profecías de Daniel y llegaron a la conclusión de que Jesús regresaría pronto.
El movimiento millerita esperaba que el acontecimiento anunciado en Daniel 8:14 se cumpliera el 22 de octubre de 1844.
Los creyentes aguardaron ese día con mucha esperanza, convencidos de que finalmente se encontrarían con su Salvador.
Sin embargo, Jesús no regresó.
La decepción fue muy grande.
Muchos abandonaron su fe y otros quedaron profundamente confundidos.
Este acontecimiento es conocido en la historia adventista como el Gran Chasco.
¿Qué ocurrió después del Gran Chasco?
Con el tiempo, los creyentes adventistas comprendieron que habían interpretado equivocadamente el acontecimiento relacionado con el santuario.
Según nuestra comprensión profética, Daniel 8:14 no anunciaba que Jesús regresaría a la Tierra en 1844, sino el comienzo de una fase final de su ministerio en el Santuario celestial.
En medio de aquella época de tristeza y confusión, Elena Harmon, quien posteriormente sería conocida como Elena G. de White, recibió su primera visión en diciembre de 1844, cuando tenía 17 años.
En esa visión contempló al pueblo adventista caminando hacia la Jerusalén celestial.
Jesús iba delante de ellos, guiándolos.
El mensaje principal era que Dios no había abandonado a sus hijos y que debían continuar mirando a Cristo.
Aunque habían cometido errores al interpretar la profecía, el Señor todavía tenía una obra para ellos.
¿Qué aprendemos del llamado de Elena de White?
Primero, aprendemos que Dios no abandona a su pueblo cuando atraviesa momentos de confusión y decepción.
Segundo, comprendemos que el Señor puede utilizar a personas jóvenes y aparentemente débiles para realizar una obra importante.
Elena tenía solamente 17 años cuando recibió su primera visión.
No era una persona poderosa ni famosa. Además, enfrentó dificultades de salud y sintió temor ante la responsabilidad que estaba recibiendo.
Sin embargo, aceptó la misión que creía que Dios le había encomendado.
Tercero, su experiencia nos recuerda que el verdadero propósito del don profético es fortalecer la fe y dirigir a las personas hacia Jesús.
Los adventistas reconocemos su ministerio como una manifestación del don de profecía, pero sus escritos no forman parte de la Biblia ni reemplazan la autoridad de las Sagradas Escrituras.
La Biblia sigue siendo nuestra regla suprema de fe y conducta. Por eso, todo mensaje espiritual debe ser examinado a la luz de la Palabra de Dios.
¿Qué significa para nosotros hoy?
No todos recibiremos un llamado al ministerio profético, pero todos podemos responder al llamado de Dios a servir.
Quizá el Señor nos está invitando a compartir un estudio bíblico, visitar a una persona enferma, ayudar a una familia necesitada o hablar de Jesús con alguien que está perdiendo la esperanza.
No debemos pensar que nuestras limitaciones nos impiden ser útiles.
Dios puede utilizar nuestras capacidades, nuestro tiempo y aun nuestras experiencias difíciles para llevar esperanza a otras personas.
Lo importante es mantener los ojos puestos en Cristo.
Aplicación para nuestra vida
La experiencia de los primeros adventistas nos enseña que la fe puede atravesar momentos de desilusión.
A veces esperamos que Dios actúe de cierta manera, pero las cosas ocurren de forma diferente.
Eso no significa que el Señor haya dejado de amarnos.
Necesitamos seguir estudiando su Palabra, corregir nuestros errores cuando sea necesario y confiar en que Jesús continúa guiando a su pueblo.
Enseñanza del viernes: Aunque enfrentemos dificultades o decepciones, debemos permanecer fieles a la Biblia, mantener nuestra mirada en Jesús y responder al llamado de Dios con humildad.
Conclusión de la lección 2: ¿Qué nos enseña el llamado de los profetas?
Durante esta semana estudiamos las experiencias de diferentes hombres y mujeres que fueron llamados por Dios.
Cada uno vivió circunstancias distintas y enfrentó sus propias dificultades.
Abraham tuvo que aprender a confiar sin conocer el futuro.
Elías se mantuvo firme cuando muchos habían abandonado al Dios verdadero.
Isaías reconoció su pecado y aceptó llevar un mensaje de salvación.
Daniel permaneció fiel, aunque vivía rodeado de personas que no compartían sus creencias.
Juan el Bautista anunció la llegada de Jesús y conservó su fe en medio del sufrimiento.
Elena de White recibió un llamado en una época de profunda decepción espiritual y dedicó su ministerio a señalar a Jesús y a fortalecer la confianza en la Palabra de Dios.
Todas estas experiencias nos dejan una enseñanza en común:
Dios no deja de llamar a sus hijos y continúa buscando personas dispuestas a servirlo.
Tal vez nosotros no tengamos que presentarnos delante de un rey como Daniel, enfrentar a los profetas de Baal como Elías o salir de nuestra tierra como Abraham.
Pero cada día tenemos oportunidades para demostrar nuestra fidelidad.
Podemos elegir entre la verdad y la mentira, entre el perdón y el rencor, entre la obediencia y la desobediencia.
También podemos decidir si dedicaremos tiempo a Dios o permitiremos que las preocupaciones de este mundo ocupen todo nuestro corazón.
El Señor sigue llamándonos a vivir una fe verdadera, a compartir su amor y a prepararnos para el regreso de Jesucristo.
La pregunta es: ¿estamos dispuestos a responder a su llamado?
Isaías respondió:
«Aquí estoy, envíame a mí» (Isaías 6:8).
Que esa también sea nuestra respuesta.
Reflexión final
No necesitas ser una persona perfecta para comenzar a servir a Dios.
Abraham tuvo debilidades. Elías sintió temor. Isaías reconoció su pecado. Daniel enfrentó grandes pruebas. Juan el Bautista pasó por momentos de duda.
Pero todos aprendieron a depender del Señor.
Si hoy sientes que Dios te está llamando a acercarte más a él, a cambiar algo en tu vida o a ayudar a otras personas, no ignores su voz.
Acércate a Jesús en oración, estudia su Palabra y pídele sabiduría para reconocer su voluntad.
Dios sigue buscando corazones dispuestos. ¿Puede contar contigo?
Oración final
Amado Padre celestial, gracias porque nunca has dejado de hablar a tus hijos por medio de tu Palabra.
Gracias por las enseñanzas que encontramos en la vida de tus profetas.
Ayúdanos a tener la fe de Abraham, la valentía de Elías, la disposición de Isaías y la fidelidad de Daniel.
Enséñanos a confiar en ti como Juan el Bautista, aun cuando atravesemos momentos difíciles.
Perdona nuestros pecados, limpia nuestros corazones y prepáranos para la segunda venida de Jesús.
Que nuestra vida sea un testimonio de tu amor y que podamos responder cada día: «Señor, aquí estoy, úsame conforme a tu voluntad».
En el nombre de Jesús, amén.