Versículo clave: Mateo 5:17 (RVR1960)
«No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir».
Introducción: ¿Jesús vino a quitar los mandamientos?
La Ley de Dios es uno de los temas que más preguntas provoca entre los cristianos. Algunas personas creen que los Diez Mandamientos pertenecen exclusivamente al Antiguo Testamento y que dejaron de tener importancia después de la muerte de Jesús. Otras consideran que, como somos salvos por gracia, ya no necesitamos obedecer ninguna ley. También hay quienes piensan que guardar los mandamientos es suficiente para conseguir la salvación.
Pero ¿qué enseñó realmente Jesucristo?
Imaginemos por un momento que una persona afirma amar profundamente a su familia. Dice que sus padres son importantes, que respeta a su esposo o esposa y que desea lo mejor para sus hijos. Sin embargo, sus acciones demuestran lo contrario. Miente constantemente, incumple sus promesas y trata con desprecio a quienes asegura amar.
¿Podríamos decir que sus palabras y sus acciones están en armonía?
Probablemente no.
Algo semejante puede suceder en nuestra relación con Dios. Es posible afirmar que amamos a Jesús y, al mismo tiempo, vivir sin prestar atención a sus enseñanzas.
Por eso, cuando hablamos de la Ley de Dios, no estamos hablando solamente de reglas antiguas escritas sobre dos tablas de piedra. Estamos hablando de principios que muestran cómo debemos relacionarnos con nuestro Creador y con las personas que nos rodean.
En Mateo 5:17, Jesús hizo una declaración que merece toda nuestra atención:
«No he venido para abrogar, sino para cumplir».
Estas palabras son fundamentales para comprender la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Jesús no vino para enseñar que la voluntad de Dios había dejado de importar. Vino para cumplir las Escrituras, revelar su verdadero significado y demostrar mediante su vida cómo es la obediencia que nace del amor.
Sin embargo, también debemos comprender algo esencial: los mandamientos no pueden salvarnos del pecado. Solamente Jesucristo puede hacerlo.
Entonces, ¿para qué sirve la ley? ¿Por qué debemos obedecerla? ¿Qué significa que Jesús vino a cumplirla? ¿Y qué relación tiene todo esto con el sábado?
Estudiaremos estas preguntas a la luz de las Escrituras.
Contexto histórico y bíblico: Jesús y el Sermón del Monte
Mateo 5 forma parte del Sermón del Monte, donde Jesucristo enseñó a sus discípulos y a la multitud los principios de su reino.
En aquella época, la religión judía tenía una relación muy estrecha con la Ley de Moisés. Los maestros religiosos estudiaban las Escrituras y enseñaban a las personas cómo debían vivir.
Sin embargo, algunos dirigentes habían añadido numerosas tradiciones e interpretaciones humanas que, en ocasiones, hacían difícil distinguir entre los mandamientos divinos y las costumbres religiosas.
Jesús cuestionó esas interpretaciones cuando ocultaban la verdadera intención de Dios.
Por ejemplo, algunos consideraban que evitar el asesinato era suficiente para obedecer el sexto mandamiento. Pero Jesús enseñó que el odio, el desprecio y la ira injusta también debían ser examinados.
Otros pensaban que la fidelidad matrimonial consistía únicamente en evitar el adulterio físico. Cristo explicó que también era necesario cuidar los deseos y las intenciones del corazón.
Esto demuestra que Jesús no estaba disminuyendo la importancia de los mandamientos.
Estaba enseñando su significado más profundo.
En Mateo 5:17-19, Cristo afirmó que no había venido para abolir la Ley ni los Profetas.
La expresión «la Ley y los Profetas» hacía referencia a las Escrituras que hoy conocemos como el Antiguo Testamento.
Por eso es importante no reducir automáticamente toda la declaración de Jesús a los Diez Mandamientos, aunque estos forman parte fundamental de la revelación divina.
Jesús vino a cumplir las promesas y enseñanzas de las Escrituras, no a destruir la revelación de Dios.
Esto también ayuda a comprender por qué los cristianos distinguen entre los principios morales permanentes y ciertas instituciones ceremoniales que encontraban su cumplimiento en Cristo.
Los sacrificios de animales, por ejemplo, señalaban hacia el Salvador que entregaría su vida por el pecado. Cuando Jesús murió en la cruz, cumplió aquello que esos sacrificios anunciaban.
Pero los principios morales expresados en los Diez Mandamientos continúan revelando el carácter de Dios y su voluntad para la conducta humana. Esta es la comprensión de la doctrina adventista sobre la Ley de Dios.
Con este contexto podemos estudiar cinco enseñanzas importantes.
Desarrollo doctrinal
1. La Ley de Dios revela su carácter y su amor
Texto de apoyo: Éxodo 20:1-17
Cuando pensamos en una ley, normalmente imaginamos obligaciones, restricciones o castigos.
Sin embargo, los Diez Mandamientos deben comprenderse dentro de la relación que Dios deseaba mantener con su pueblo.
Antes de entregar los mandamientos en el monte Sinaí, el Señor recordó a los israelitas que los había librado de Egipto.
Este detalle es muy importante.
Dios no les dijo que primero obedecieran para que él decidiera rescatarlos.
Primero los liberó y después les enseñó cómo debían vivir como un pueblo que había recibido su misericordia.
De manera semejante, la vida cristiana comienza con la gracia de Dios.
Los Diez Mandamientos presentan principios que protegen nuestra relación con él y con los demás.
Los primeros cuatro se relacionan especialmente con la adoración y el reconocimiento de Dios como nuestro Creador.
Los últimos seis enseñan cómo debemos tratar a nuestros padres y semejantes.
Cuando Dios dice que no debemos matar, está mostrando cuánto valora la vida.
Cuando prohíbe el robo, está enseñando a respetar lo que pertenece a otras personas.
Cuando condena la mentira, está destacando la importancia de la verdad.
Cuando prohíbe la codicia, nos invita a no permitir que el egoísmo gobierne nuestros deseos.
Por eso Jesús resumió la ley en dos grandes principios: amar a Dios y amar al prójimo, según Mateo 22:37-40.
El amor no reemplaza los principios de la Ley de Dios; nos ayuda a comprender su verdadero propósito.
Una persona que ama sinceramente a los demás no buscará perjudicarlos, engañarlos o aprovecharse de ellos.
La obediencia verdadera comienza cuando el amor divino transforma nuestro corazón.
Enseñanza espiritual: La Ley de Dios no fue dada para impedir nuestra felicidad, sino para mostrarnos cómo vivir en armonía con él y con los demás.
2. Jesús no abolió la ley: mostró cómo debemos comprenderla
Texto de apoyo: Mateo 5:17-19
Las palabras de Jesús son claras: no vino para abolir la Ley ni los Profetas, sino para cumplirlos.
Pero ¿qué significa cumplir?
En el Evangelio de Mateo, el cumplimiento se relaciona frecuentemente con las profecías y promesas de las Escrituras que encuentran su realización en Cristo.
Jesús cumplió las promesas acerca del Mesías, obedeció perfectamente la voluntad del Padre y reveló el verdadero significado de las enseñanzas divinas.
Esto no significa simplemente que cumplió los mandamientos para que nadie más tuviera que obedecerlos.
Tampoco significa que todas las disposiciones del Antiguo Testamento deban aplicarse exactamente de la misma manera después de su muerte y resurrección.
Cristo llevó a su cumplimiento las instituciones que anunciaban su sacrificio, mientras confirmó la importancia de la voluntad moral de Dios.
Podemos observarlo en los versículos siguientes.
Jesús recordó el mandamiento que prohíbe matar y enseñó que también debemos evitar alimentar el odio.
Recordó el mandamiento relacionado con el adulterio y explicó que la fidelidad comienza en el corazón.
De esta manera, no hizo más superficial la obediencia.
La llevó a su significado más profundo.
En Mateo 5:19 también advirtió contra la práctica de quebrantar los mandamientos y enseñar a otros a hacer lo mismo.
Esta declaración demuestra que Cristo daba importancia tanto a la obediencia como a la enseñanza correcta de la voluntad divina.
Pero no debemos olvidar que Jesús también confrontó a quienes utilizaban la religión para imponer cargas injustas.
Él enseñó una obediencia sincera, acompañada de misericordia, justicia y amor.
Enseñanza espiritual: Jesús no vino a eliminar la voluntad de Dios, sino a revelar su verdadero significado y enseñarnos a vivirla desde el corazón.
3. La Ley de Dios nos muestra el pecado, pero solamente Jesús puede salvarnos
Texto de apoyo: Romanos 3:20
Imaginemos que una persona se mira al espejo y descubre que tiene una mancha en el rostro.
El espejo le permite observar el problema, pero no puede limpiarla.
Para quitar la mancha necesitará agua y algo con qué lavarse.
Algo semejante sucede con la Ley de Dios.
Los mandamientos nos ayudan a reconocer el pecado.
Nos muestran cuándo nuestras acciones, pensamientos y decisiones se apartan de la voluntad divina.
Romanos 3:20 enseña que por medio de la ley conocemos el pecado.
Pero conocer el pecado no es lo mismo que recibir el perdón.
Una persona puede comprender perfectamente que mentir es incorrecto y, aun así, haber dicho muchas mentiras.
Puede saber que debe amar al prójimo y reconocer que ha actuado con egoísmo.
La ley puede mostrarle su condición, pero no puede borrar sus errores pasados.
Solamente Jesucristo puede perdonarla.
Aquí encontramos una de las diferencias más importantes entre la ley y el evangelio.
La ley revela nuestra necesidad de salvación; el evangelio anuncia al Salvador que puede satisfacer esa necesidad.
Por eso, la enseñanza adventista afirma que somos salvos completamente por gracia y no por nuestras obras.
Efesios 2:8-9 presenta la salvación como un regalo de Dios recibido mediante la fe.
Ninguna persona puede guardar suficientes mandamientos como para comprar el perdón de sus pecados.
Pero cuando aceptamos a Jesucristo, recibimos su gracia y comenzamos una nueva vida.
Enseñanza espiritual: Los mandamientos nos ayudan a reconocer el pecado, pero solamente la gracia de Jesucristo puede perdonarnos y transformarnos.
4. La obediencia verdadera es una respuesta de amor, no una forma de comprar la salvación
Texto de apoyo: Juan 14:15
«Si me amáis, guardad mis mandamientos».
Estas palabras muestran la relación que existe entre el amor y la obediencia.
Jesús no dijo que sus seguidores debían guardar los mandamientos para obligarlo a amarlos.
Los invitó a obedecer como resultado del amor que sienten por él.
Esta diferencia cambia profundamente nuestra manera de comprender la vida cristiana.
Pensemos en un niño que obedece a sus padres únicamente porque tiene miedo de recibir un castigo.
Su comportamiento puede parecer correcto, pero su motivación está basada en el temor.
Ahora imaginemos a ese mismo niño que obedece porque confía en sus padres, reconoce su amor y comprende que sus indicaciones buscan protegerlo.
Aunque las acciones puedan parecer semejantes, la motivación es diferente.
En nuestra relación con Dios sucede algo parecido.
No debemos obedecer solamente por miedo a ser castigados.
Tampoco debemos utilizar las buenas obras para sentirnos superiores a otras personas.
La verdadera obediencia nace de un corazón agradecido.
Romanos 3:31 explica que la fe no invalida la ley, sino que la confirma.
Esto no significa que el creyente pueda alcanzar una perfección espiritual independientemente de Cristo.
Significa que la fe verdadera produce una nueva actitud hacia la voluntad de Dios.
Cuando una persona acepta a Jesús, el Espíritu Santo comienza a transformar sus deseos y decisiones.
La obediencia se convierte en el fruto de la salvación, no en su precio.
Enseñanza espiritual: No obedecemos para conseguir que Dios nos ame; obedecemos porque hemos conocido su amor y deseamos vivir conforme a su voluntad.
5. El sábado también forma parte de la Ley de Dios
Texto de apoyo: Éxodo 20:8-11
Al estudiar los Diez Mandamientos, encontramos uno que tiene una relación especial con la Creación: el cuarto mandamiento.
Dios llamó a su pueblo a recordar el sábado para santificarlo.
Este mandamiento señala que el Señor creó los cielos y la Tierra en seis días y descansó el séptimo.
Su origen se encuentra en Génesis 2:2-3, antes de la entrada del pecado y antes de la formación de la nación de Israel.
Desde la comprensión adventista, esto demuestra que el sábado fue establecido como un regalo para la humanidad desde la Creación.
Pero ¿qué hizo Jesús respecto al sábado?
Los Evangelios enseñan que Cristo acostumbraba asistir a la sinagoga en ese día, como señala Lucas 4:16.
También realizó milagros de sanidad durante el sábado.
Algunos dirigentes religiosos consideraron que aquellas acciones representaban una violación de sus normas.
Sin embargo, Jesús explicó que era lícito hacer el bien en sábado.
En Marcos 2:27 declaró que el sábado fue hecho por causa del hombre.
De esta manera, mostró que el día de descanso no debía convertirse en una carga que impidiera practicar la misericordia.
El sábado es una oportunidad para adorar, descansar, compartir con la familia y ayudar a quienes lo necesitan.
También recuerda que nuestra vida no depende solamente del trabajo y de las preocupaciones cotidianas.
Sin embargo, hay algo que debemos aclarar.
Guardar el sábado no compra la salvación. Jesucristo es quien nos salva.
La observancia del sábado, como la obediencia a los demás mandamientos, debe surgir de una relación de fe y amor con Dios.
No debe convertirse en una razón para despreciar a quienes comprenden las Escrituras de manera diferente.
La verdad bíblica debe compartirse con respeto, paciencia y humildad.
Enseñanza espiritual: El sábado es un recordatorio del amor del Creador y una oportunidad semanal para fortalecer nuestra comunión con él.
Ilustración: Las instrucciones que protegían el camino
Un hombre tenía un hijo que acababa de aprender a conducir.
Una mañana, el joven se preparaba para viajar por primera vez a una ciudad cercana.
Antes de salir, su padre le dio algunas recomendaciones.
Le explicó cuáles eran los caminos peligrosos, dónde debía reducir la velocidad y por qué era importante respetar las señales de tránsito.
El muchacho escuchó atentamente, pero después preguntó:
—Papá, ¿por qué me das tantas instrucciones? ¿No confías en mí?
Su padre sonrió.
—Claro que confío en ti. Pero conozco los peligros del camino y quiero que llegues bien a tu destino.
El joven comprendió entonces que aquellas indicaciones no habían sido dadas para quitarle su libertad.
Su propósito era protegerlo.
Durante el viaje encontró curvas difíciles, caminos estrechos y lugares donde era necesario conducir con mucha precaución.
En varias ocasiones recordó las palabras de su padre.
Y agradeció haberlas escuchado.
Esta historia nos ayuda a comprender el propósito de los mandamientos.
Dios no nos dio su ley porque desee controlar cada aspecto de nuestra existencia de manera arbitraria.
Nos la dio porque conoce las consecuencias del pecado y desea enseñarnos a vivir correctamente.
Sin embargo, hay una diferencia importante entre esta ilustración y la salvación.
Las instrucciones del camino pueden ayudar al conductor a evitar accidentes, pero no pueden rescatarlo si ya se encuentra en una situación de la que no puede salir.
De manera semejante, los mandamientos nos muestran cómo debemos vivir, pero no pueden salvarnos de la culpa del pecado.
Necesitamos a Jesucristo.
La ley nos muestra el camino de la obediencia; Jesús es el Salvador que nos rescata y nos da fuerzas para caminar por él.
Dos enseñanzas de Elena G. de White sobre la Ley de Dios
Primera cita: La ley revela el carácter divino
Elena G. de White escribió:
«La ley de Dios es una revelación de su voluntad, una trascripción de su carácter».
Cristo en su Santuario, p. 108, apartado sobre la ley de Dios en el Santuario celestial.
Esta declaración nos recuerda que los Diez Mandamientos no deben considerarse simplemente un conjunto de prohibiciones.
Los principios de la ley muestran aspectos del carácter divino.
Dios es verdadero, justo, fiel y amoroso.
Por eso desea que sus hijos también vivan con honestidad, fidelidad, justicia y misericordia.
La ley no sustituye una relación personal con él.
Nos ayuda a comprender cómo es el Dios con quien deseamos relacionarnos.
Segunda cita: La obediencia es el resultado de la fe
En El camino a Cristo, Elena G. de White escribió:
«No ganamos la salvación con nuestra obediencia».
El camino a Cristo, capítulo «La prueba del discipulado», p. 61.
Esta enseñanza es fundamental para evitar una comprensión equivocada de la Ley de Dios.
Podemos esforzarnos por cumplir todas las normas religiosas y, sin embargo, no haber entregado verdaderamente nuestro corazón a Cristo.
La obediencia exterior no puede sustituir el arrepentimiento, la fe ni la gracia divina.
Cuando aceptamos al Salvador, el Espíritu Santo comienza a transformar nuestros deseos y pensamientos.
Así, la obediencia deja de ser un intento de ganar la salvación y se convierte en una expresión de gratitud.
Aplicación práctica: ¿Cómo vivir conforme a la Ley de Dios?
La enseñanza de Mateo 5:17-19 no debe quedarse solamente como una discusión acerca de los mandamientos.
Necesita reflejarse en nuestra vida cotidiana.
Primero, debemos estudiar la Palabra de Dios con sinceridad. No basta con repetir lo que hemos escuchado desde pequeños. Es importante conocer las Escrituras y comprender sus enseñanzas dentro de su contexto.
Segundo, necesitamos examinar nuestras motivaciones. Podemos realizar muchas actividades religiosas y, al mismo tiempo, actuar por costumbre, miedo o deseo de reconocimiento. Dios desea una obediencia que nazca del amor.
Tercero, debemos recordar que la ley también nos enseña a respetar a los demás. Ser honestos, hablar con verdad, cuidar nuestras relaciones y rechazar la envidia son expresiones prácticas de los principios divinos.
Cuarto, necesitamos recibir el sábado como una bendición. Más que una lista de actividades prohibidas, debe ser un tiempo para acercarnos al Creador, descansar y practicar el bien.
Quinto, debemos depender diariamente de Jesucristo. Ninguna persona puede transformar su corazón mediante sus propias fuerzas. Necesitamos la gracia del Salvador y el poder del Espíritu Santo.
Llamado espiritual: ¿Obedecemos por amor o solamente por costumbre?
Es posible que una persona haya asistido a la iglesia durante muchos años.
Conoce los Diez Mandamientos, comprende la importancia del sábado y puede explicar numerosas doctrinas bíblicas.
Sin embargo, quizá ha olvidado algo esencial.
La obediencia no tiene verdadero sentido espiritual cuando está separada del amor.
Podemos guardar el sábado y, al mismo tiempo, tratar con dureza a nuestra familia.
Podemos conocer el mandamiento que prohíbe mentir y justificar pequeñas faltas de honestidad.
Podemos hablar acerca del amor al prójimo y mostrar indiferencia ante el sufrimiento de los demás.
Jesús no vino para enseñarnos una religión basada únicamente en apariencias.
Vino para transformar nuestro corazón.
Por eso, Mateo 5:17-19 nos invita a reconocer la importancia de la voluntad divina, pero también a comprender que necesitamos mucho más que conocer los mandamientos.
Necesitamos al Salvador.
Tal vez hoy sea necesario abandonar la idea de que podemos ganar el cielo mediante nuestras buenas obras.
O quizá necesitamos dejar de pensar que, porque somos salvos por gracia, nuestras decisiones ya no tienen importancia.
Ambos extremos nos alejan de una comprensión completa del evangelio.
La gracia no elimina la obediencia; nos enseña a obedecer por amor.
El llamado de este sermón es a entregar nuevamente nuestra vida a Jesucristo.
Que él perdone nuestros pecados, transforme nuestros pensamientos y escriba sus principios en nuestro corazón, tal como promete Hebreos 8:10.
Porque Dios no desea solamente que sus mandamientos estén escritos en una Biblia que permanece sobre una mesa.
Desea que sus principios se reflejen en nuestra manera de vivir.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué quiso decir Jesús cuando afirmó que no vino a abolir la Ley ni los Profetas?
- ¿Por qué es importante comprender Mateo 5:17-19 dentro del contexto del Sermón del Monte?
- ¿Cuál es la diferencia entre obedecer para ganar la salvación y obedecer como resultado de la gracia?
- ¿Por qué la Ley de Dios nos muestra el pecado, pero no puede perdonarnos?
- ¿Qué enseñó Jesús acerca del verdadero propósito del sábado?
- ¿De qué manera podemos reflejar los principios de los Diez Mandamientos en nuestra vida cotidiana?
Frase destacada
«Jesús no vino a enseñarnos cómo vivir sin la voluntad de Dios, sino a mostrarnos cómo obedecerla con un corazón transformado por su amor».
Conclusión: La ley señala el camino, pero Jesús transforma el corazón
Mateo 5:17-19 contiene una enseñanza fundamental para comprender la vida cristiana.
Jesucristo declaró que no había venido para abolir la Ley ni los Profetas, sino para cumplirlos.
Mediante su vida, sus enseñanzas, su muerte y su resurrección, Jesús cumplió las promesas de las Escrituras y reveló el verdadero significado de la voluntad divina.
Los Diez Mandamientos continúan mostrando principios de amor, justicia y fidelidad que deben orientar nuestra relación con Dios y con los demás.
Sin embargo, estos mandamientos no pueden salvarnos.
La ley puede mostrarnos el pecado, pero solamente Jesucristo puede perdonarlo.
Por eso, la salvación es completamente por gracia, mediante la fe en el Salvador.
Cuando aceptamos esa gracia, el Espíritu Santo comienza a transformar nuestra manera de vivir.
La obediencia deja de ser una carga destinada a comprar el favor divino y se convierte en una respuesta de amor.
El sábado también forma parte de estos principios, recordándonos semanalmente que Dios es nuestro Creador y que necesitamos dedicar tiempo a la comunión con él.
Pero ninguna práctica religiosa debe reemplazar una relación verdadera con Jesucristo.
La vida cristiana no consiste en elegir entre amar a Jesús y obedecer sus mandamientos. Consiste en amar tanto a Jesús que deseamos vivir conforme a su voluntad.
Ese es el mensaje de la Ley de Dios comprendida a la luz del evangelio.
Oración final
Amado Padre celestial:
Gracias por tu amor y por las enseñanzas que nos has dejado en tu Palabra.
Hoy reconocemos que tus mandamientos reflejan tu carácter y nos muestran cómo debemos vivir.
Perdona las veces en que hemos considerado tu ley como una carga o hemos intentado obedecer solamente por costumbre.
También perdona las ocasiones en que hemos utilizado tu gracia como una excusa para descuidar tu voluntad.
Señor Jesús, gracias porque viniste a este mundo para salvarnos y mostrarnos el verdadero significado de la obediencia.
Gracias porque nuestra salvación no depende de nuestros propios méritos, sino de tu sacrificio y tu justicia.
Transforma nuestros corazones mediante tu Espíritu Santo.
Ayúdanos a amar la verdad, practicar la justicia, vivir con honestidad y tratar a los demás con misericordia.
Que cada sábado sea una oportunidad especial para recordar tu amor como Creador y Redentor.
Y que nuestras acciones reflejen que hemos conocido verdaderamente a Jesucristo.
Escribe tus principios en nuestro corazón y enséñanos a obedecer por amor.
En el precioso nombre de Jesús.
Amén.
