Sábado 24 de octubre — Introducción: Dios quiere comunicarse
Para entender toda la semana, primero conviene distinguir dos palabras:
- Revelación: Dios nos da a conocer algo acerca de él, de su voluntad o de su plan.
- Inspiración: el Espíritu Santo guía a sus mensajeros para que comuniquen fielmente lo que Dios desea transmitir.
En Apocalipsis 1:1-2 vemos un ejemplo: Dios entrega el mensaje a Jesucristo; Jesús lo comunica mediante su ángel a Juan, y Juan lo transmite a quienes lo leerán y escucharán.
Juan estaba desterrado en Patmos, pero su aislamiento no impidió que Dios se comunicara con él. Desde aquel lugar recibió un mensaje que ayudaría a creyentes de muchas generaciones.
¿Qué enseña esto para nuestra vida? Que Dios no es indiferente a lo que vivimos. Él toma la iniciativa para acercarse, orientarnos y darnos esperanza. La Biblia es una expresión de ese interés.
Cuando alguien ama a otra persona, busca la manera de comunicarse con ella. Quiere compartir lo que siente, escucharla y acompañarla. Desde el principio, Dios también ha buscado acercarse a sus hijos. No nos creó para después dejarnos solos, tratando de descubrir por nuestra cuenta quiénes somos y hacia dónde vamos.
Por eso, la Biblia es mucho más que una colección de historias antiguas. A través de ella conocemos a un Dios que habla, orienta, advierte, consuela y ofrece esperanza. Detrás de sus mensajes está el deseo de recuperar nuestra confianza y restaurar nuestra relación con él.
La experiencia de Juan en Patmos nos ayuda a entenderlo. Aunque estaba apartado de otras personas por causa de su fe, Dios no lo había olvidado. Allí recibió las revelaciones que hoy encontramos en Apocalipsis. Su lugar de aislamiento se convirtió en un lugar de encuentro con Jesús.
En esta experiencia aparecen las dos ideas que estudiaremos durante la semana: la revelación es lo que Dios nos da a conocer, y la inspiración es la obra del Espíritu Santo que ayuda a sus mensajeros a comunicarlo fielmente. Gracias a esa iniciativa divina, el mensaje que recibió Juan también puede fortalecer nuestra fe hoy.
Domingo — Un Dios que se deja conocer
Basta detenerse a observar una flor, el cielo o el crecimiento de un niño para encontrar motivos de admiración. Hay detalles en la creación que nos hablan de sabiduría, cuidado y poder. Incluso cuando sufrimos una herida, nuestro cuerpo comienza a trabajar para repararla. La vida lleva señales del cuidado del Creador.
Esta manera de conocer algo de Dios se llama revelación general. No hace falta tener un libro en las manos para contemplar la grandeza de sus obras.
Pero al mirar el mundo también encontramos dolor. Hay enfermedades, desastres y muerte. Entonces surgen preguntas difíciles: “Si Dios es bueno, ¿por qué sucede todo esto? ¿Le importa lo que estamos viviendo?”.
La naturaleza, por sí sola, no puede responder completamente esas preguntas. Necesitamos que Dios nos explique lo que no alcanzamos a comprender. Por eso nos ha hablado mediante los profetas y, de manera suprema, mediante su Hijo, como enseña Hebreos 1:1-2.
¿Por qué tiene tanto interés en comunicarse con nosotros? Porque nos ama. Sabe que el pecado ha confundido nuestra manera de verlo y quiere que conozcamos su verdadero carácter. No desea que atravesemos el sufrimiento creyendo que estamos abandonados.
Jesús nos muestra cómo es el Padre. Cuando se acerca al enfermo, recibe al rechazado o perdona al arrepentido, podemos ver el corazón de Dios. En la cruz descubrimos hasta dónde está dispuesto a llegar para salvarnos.
Por eso necesitamos tanto la Palabra escrita. Un atardecer puede recordarnos el poder de Dios, pero no puede explicarnos el perdón de nuestros pecados. La Biblia sí nos habla de Jesús, de su sacrificio, de la resurrección y de la promesa de un mundo restaurado.
La creación despierta nuestra admiración; la Palabra nos ayuda a comprender el amor del Creador.
Lunes — Dios habla por medio de personas
Al leer la Biblia, encontramos distintas maneras de escribir. David expresa sus sentimientos mediante cantos; Lucas relata acontecimientos con cuidado; Pablo desarrolla sus enseñanzas mediante cartas. Cada autor tiene una voz propia.
Eso nos ayuda a comprender la inspiración. Dios guio a personas reales, con su historia, su preparación y su manera de expresarse. El Espíritu Santo obró en ellas para que comunicaran fielmente su mensaje.
Algunos recibieron sueños y visiones. Otros contaron lo que habían visto y escuchado. Otros investigaron acontecimientos. Dios utilizó esos distintos medios para hacer llegar su verdad.
Entonces, ¿qué diferencia a la Biblia de otros libros? Que sus escritores fueron guiados por el Espíritu Santo para transmitir el mensaje de Dios. Podemos encontrar consejos útiles en muchas obras, pero las Escrituras nos presentan el camino de la salvación mediante la fe en Jesucristo.
En 2 Timoteo 3:15-17 descubrimos que la Biblia también tiene un propósito muy práctico: enseñarnos, ayudarnos a reconocer nuestros errores, corregir nuestro rumbo y prepararnos para hacer el bien. Santiago 1:17 nos recuerda que todo buen regalo procede de Dios. Su Palabra es uno de esos regalos que necesitamos aprender a valorar.
A veces acudimos a ella buscando consuelo y encontramos una promesa que nos sostiene. Otras veces encontramos una enseñanza que nos incomoda porque muestra algo que debemos cambiar. En ambos casos, Dios está cuidando de nosotros.
¿Por qué confiar en su inspiración aunque no entendamos todos los detalles del proceso? Porque nuestra fe necesita una base firme. Si solo aceptáramos lo que coincide con nuestras preferencias, dejaríamos de permitir que Dios nos enseñara.
Podemos acercarnos a la Biblia con confianza y también con humildad, dispuestos a estudiar lo que todavía no comprendemos. La pregunta que puede acompañarnos es: “Señor, ¿qué quieres enseñarme y cómo puedo ponerlo en práctica?”.
Martes — Una voz que merece ser escuchada
Imaginemos por un momento a quienes escucharon predicar a Juan el Bautista. No tenían delante un libro escrito por él. Escuchaban su voz llamándolos al arrepentimiento y a prepararse para recibir al Salvador.
Lo mismo ocurrió con otros profetas. Elías y Eliseo transmitieron mensajes de Dios, aunque no escribieron libros que formen parte de la Biblia. Jesús también recorrió pueblos y ciudades enseñando, conversando y predicando. Sus palabras tenían autoridad mientras las personas las escuchaban, antes de que los evangelistas las dejaran por escrito.
Esto responde una pregunta importante: ¿un mensaje tenía menos valor por haber sido hablado y no escrito? No. Cuando procedía de Dios y era comunicado fielmente por su mensajero, tenía autoridad.
En 2 Pedro 1:18-21 encontramos la razón: los verdaderos profetas hablaron siendo guiados por el Espíritu Santo. El origen divino del mensaje era lo que lo hacía confiable.
Por eso, un profeta que no escribió un libro bíblico podía comunicar una instrucción que sus oyentes debían atender. Dios podía enviar un mensaje para una situación concreta, aunque no quedara incorporado al conjunto de libros de la Biblia.
Sin embargo, esto no convierte automáticamente en mensaje divino todo lo que una persona diga. Tampoco basta con afirmar: “Dios me lo mostró”. Las enseñanzas deben examinarse a la luz de las Escrituras.
Esta enseñanza nos invita a cultivar un corazón dispuesto a escuchar y una fe que también sabe discernir. Escuchar a Dios incluye permitir que su Palabra nos ayude a reconocer su voz.
Miércoles — Palabras que llegan hasta nosotros
Seguramente alguna vez alguien nos dijo algo que nos hizo mucho bien. En ese momento pensamos que nunca lo olvidaríamos, pero con el paso del tiempo las palabras comenzaron a desdibujarse. Recordamos la idea, aunque ya no sabemos exactamente cómo la expresó.
Nuestra memoria tiene límites. Dios lo sabe. Por eso ordenó que sus mensajes fueran escritos, para que pudieran conservarse y llegar a quienes todavía no habían nacido.
Cuando Dios pidió a Moisés que escribiera lo sucedido para memoria, estaba ayudando a su pueblo a recordar sus obras. Los israelitas necesitarían volver a esas experiencias cuando aparecieran nuevos temores y dificultades.
Nosotros también necesitamos recordar. En un momento difícil podemos sentir que Dios nunca nos ha ayudado, y la Biblia vuelve a mostrarnos su fidelidad.
Los pasajes de este día explican varios propósitos de la Palabra escrita. Éxodo 17:14 destaca la memoria de las obras de Dios. Juan 20:30-31 muestra que el testimonio acerca de Jesús fue registrado para que creamos en él y tengamos vida. Primera de Corintios 10:11 nos recuerda que las experiencias del pasado sirven como advertencia. Apocalipsis 1:19 muestra la importancia de conservar las revelaciones que Juan recibió.
Dios quiso que su mensaje pudiera ser recordado, estudiado, compartido y aplicado por otras generaciones.
Al leerlo, también necesitamos prestar atención al contexto. La Biblia cuenta acciones que debemos imitar y otras que debemos evitar. Registra palabras verdaderas, pero también muestra las mentiras de quienes engañaron. Que una frase aparezca en sus páginas no significa que Dios la apruebe; debemos comprender quién la dijo y qué enseña el relato.
Así, las caídas de otros pueden advertirnos, sus experiencias de fe pueden animarnos y las promesas de Dios pueden sostenernos. Esas historias antiguas siguen hablando a nuestras necesidades presentes.
Jueves — Cuando Dios nos ayuda a ver
Hay enseñanzas que comprendemos mejor cuando alguien nos da un ejemplo. Una explicación puede parecer complicada hasta que escuchamos: “Es como cuando…”. De pronto, la idea se vuelve cercana.
Jesús enseñaba así. Hablaba de semillas, ovejas, pan, lámparas y viñas. Utilizaba cosas conocidas para ayudar a las personas a comprender verdades espirituales.
Cuando dijo que era el Pan de Vida, tomó una necesidad que todos entendían: necesitamos alimento para vivir. De esa manera enseñó que nuestra vida espiritual necesita de él. Cuando habló de la vid y los pámpanos, mostró la importancia de permanecer unidos a su persona.
Dios también utilizó acciones para comunicar mensajes. En Ezequiel 4:1-8, el profeta representó el sitio de Jerusalén y las consecuencias del pecado del pueblo.
¿Por qué comunicar una advertencia de esa manera? Porque las palabras habían sido rechazadas muchas veces. Una representación llamativa podía hacer que las personas se detuvieran, observaran y reconocieran la seriedad de lo que Dios estaba anunciando.
Detrás de aquella advertencia todavía había misericordia. Dios buscaba despertar a su pueblo y llevarlo al arrepentimiento.
Esto nos ayuda a pensar en Laodicea. Su problema era sentirse satisfecha mientras desconocía su verdadera necesidad espiritual. Podemos asistir a la iglesia, conocer las enseñanzas y participar en actividades, y aun así descuidar nuestra relación con Jesús.
Una dramatización actual podría mostrar a alguien que afirma tenerlo todo, mientras un espejo revela su pobreza espiritual. Al recibir la ayuda que Cristo ofrece, comienza a reconocer su necesidad.
La pregunta más provechosa sería: “¿Hay algo en mi vida que no estoy queriendo reconocer?”. Jesús nos muestra nuestra condición para que acudamos a él y recibamos lo que necesitamos.
Viernes — Un mensaje divino en palabras humanas
A veces imaginamos que, para comunicar un mensaje de Dios, una persona tendría que dejar de ser humana: no sentir cansancio, no tener preguntas y hablar siempre de manera extraordinaria.
Pero los mensajeros de Dios fueron personas reales. Tuvieron responsabilidades, preocupaciones y experiencias cotidianas. El Señor obró mediante ellos y utilizó su lenguaje para acercar su mensaje a otras personas.
Así entendía Elena de White la inspiración: el Espíritu Santo guiaba al mensajero, y este expresaba el mensaje mediante palabras humanas. Esa participación humana no eliminaba el origen divino de la enseñanza.
Dentro de la fe adventista reconocemos su ministerio como una manifestación del don profético. A la vez, mantenemos a la Biblia como la norma suprema de nuestra fe. Sus escritos nos ayudan a dirigir la mirada hacia las Escrituras y a vivir sus enseñanzas.
Esto nos anima a leer con equilibrio. Podemos valorar sus consejos, estudiar su contexto y procurar comprender el principio que transmiten. También necesitamos recordar que una persona llamada al ministerio profético sigue teniendo conversaciones y comunicaciones sobre asuntos cotidianos. No todo comentario de la vida diaria constituye una revelación especial.
Reconocer esa diferencia requiere atención y honestidad. Debemos evitar tanto convertir cada expresión en una orden universal como descartar un consejo simplemente porque nos resulta incómodo.
Dios nos ha dado su Palabra para que lo conozcamos y caminemos con él. Al estudiarla, podemos pedirle un corazón enseñable: “Señor, ayúdame a comprender lo que me dices y dame disposición para vivirlo”.