Versículo clave: Mateo 19:4 (RVR1960)
«Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?».
Introducción: Cuando Dios creó el mundo, todo tenía un propósito
El diseño perfecto de Dios se encuentra en las primeras páginas de la Biblia, donde se presenta el origen de la vida, la naturaleza y la humanidad. Antes de que existieran las ciudades, las grandes construcciones o las preocupaciones que hoy ocupan la mente de las personas, Dios ya había preparado un mundo lleno de belleza, orden y propósito. Nada de lo que hizo fue improvisado. Cada parte de su Creación tenía un lugar y una función dentro de su maravilloso plan.
Sin embargo, muchas personas viven sin detenerse a pensar en su origen. Se levantan cada mañana, trabajan, atienden sus responsabilidades y terminan el día sin recordar que su existencia tiene un significado mucho más profundo. La vida puede llegar a parecer una sucesión de obligaciones, problemas y preocupaciones. Pero la Biblia presenta una verdad que transforma esa manera de pensar: el ser humano no es un accidente sin propósito; fue creado por un Dios que lo conoce, lo ama y desea tener una relación con él.
Cuando Jesús estuvo en la Tierra, muchas veces respondió a las preguntas de las personas llevándolas nuevamente a las Escrituras. En Mateo 19:4, mientras hablaba sobre el matrimonio, hizo una declaración muy importante: recordó cómo Dios había creado a la humanidad desde el principio. En lugar de comenzar con las costumbres que habían aparecido con el paso de los años, Jesús regresó al origen, al momento en que el Creador estableció su propósito.
Esa respuesta contiene una enseñanza que va más allá del tema que estaban discutiendo. Jesús reconoció la autoridad del relato de Génesis y mostró que, para comprender correctamente la vida, es necesario conocer la intención original de Dios.
La humanidad ha cambiado mucho desde la Creación. Han aparecido nuevas ideas, diferentes maneras de vivir y numerosos avances. Sin embargo, hay una pregunta que sigue siendo importante: ¿para qué creó Dios al ser humano?
La respuesta se encuentra en el principio de la historia bíblica. Allí se descubre que Dios creó por amor, dio dignidad a la humanidad, estableció relaciones, preparó un día especial de comunión y prometió restaurar aquello que el pecado dañó.
El mundo ya no es como salió de las manos del Creador, pero el propósito de Dios para sus hijos continúa siendo una expresión de su amor.
Contexto bíblico: ¿Por qué Jesús habló del principio de la Creación?
Para comprender Mateo 19:4, es necesario conocer lo que estaba sucediendo. Jesús se encontraba enseñando a las multitudes cuando algunos fariseos se acercaron para hacerle una pregunta relacionada con el divorcio. Querían saber si un hombre podía separarse de su esposa por cualquier motivo. No era simplemente una pregunta para aprender; el relato señala que buscaban ponerlo a prueba.
En aquella época existían discusiones entre distintos maestros religiosos sobre las causas aceptables para el divorcio. Algunos defendían interpretaciones más estrictas y otros permitían separaciones por motivos mucho más amplios. Los fariseos esperaban que Jesús tomara una posición dentro de aquella controversia. Pero su respuesta fue diferente de lo que probablemente imaginaban.
Jesús no comenzó hablando de las opiniones de los maestros ni de las costumbres de su tiempo. En Mateo 19:4-6 dirigió la atención hacia Génesis 1:27 y Génesis 2:24. Recordó que Dios había creado al hombre y a la mujer, y que había establecido la unión matrimonial. De esa manera enseñó que el matrimonio debía comprenderse a la luz de la intención original del Creador.
Más adelante, en Mateo 19:8, Jesús explicó que ciertas disposiciones relacionadas con el divorcio habían sido permitidas debido a la dureza del corazón humano, pero añadió una frase reveladora: «mas al principio no fue así». Con esas palabras estableció una diferencia entre el ideal de Dios y las dificultades que aparecieron después de la entrada del pecado.
Este contexto permite comprender algo fundamental: Jesús consideraba que el principio de la Creación era una referencia para conocer la voluntad de Dios. Cuando quiso explicar el propósito del matrimonio, volvió al Edén. Allí no existían todavía las heridas del pecado, la desconfianza ni la separación entre las personas.
Por eso, aunque Mateo 19 habla directamente sobre el matrimonio, también invita a reconocer al Dios que creó a la humanidad. No se trata de sacar el versículo de su contexto, sino de observar el fundamento que Jesús utilizó: la autoridad y el propósito del Creador revelados en Génesis.
A partir de esa enseñanza, toda la Biblia permite descubrir cinco verdades acerca del diseño perfecto de Dios.
1. El diseño perfecto de Dios comienza con un Creador que actúa con amor
Texto de apoyo: Génesis 1:1
«En el principio creó Dios los cielos y la tierra».
La Biblia comienza con una afirmación sencilla y poderosa: Dios es el Creador. No intenta explicar primero quién es Dios ni presentar una larga discusión sobre su existencia. Desde sus primeras palabras anuncia que todo cuanto existe tiene su origen en él. Antes de que hubiera montañas, océanos, animales o seres humanos, Dios ya existía. La Creación no le dio vida a Dios; fue Dios quien dio existencia a la Creación.
El primer capítulo de Génesis presenta una obra realizada con orden. Dios separó la luz de las tinieblas, preparó el cielo, reunió las aguas, hizo aparecer la tierra seca y llenó el mundo de vegetación. Después colocó las lumbreras, creó los animales del mar, las aves y los seres vivos que habitan sobre la tierra. Finalmente, creó al ser humano. El relato muestra un mundo preparado para recibir la vida. Antes de formar a Adán y Eva, Dios había dispuesto todo lo necesario para su bienestar.
Hay un detalle especialmente hermoso en este relato. Después de cada etapa, Dios contempló su obra y declaró que era buena. Al terminar la Creación, Génesis 1:31 dice que todo era bueno en gran manera. No había sufrimiento, enfermedades, violencia ni muerte. La Tierra reflejaba la bondad de su Creador. El propósito de Dios no era que sus criaturas vivieran rodeadas de dolor, sino que disfrutaran de una existencia plena en comunión con él.
Esta verdad permite mirar la naturaleza de una manera diferente. El cielo, los árboles, las flores y el canto de las aves dejan de ser solamente elementos cotidianos y se convierten en recordatorios del cuidado divino. Aunque la naturaleza ha sido afectada por el pecado, todavía conserva señales de la belleza con la que fue creada. Una puesta de sol, una lluvia que refresca la tierra o una semilla que comienza a crecer pueden invitar al corazón a recordar al Dios que sostiene la vida.
El diseño perfecto de Dios revela que el amor estuvo presente desde el principio. La humanidad no apareció en un mundo vacío, donde tuviera que descubrir por sí sola cómo sobrevivir. Fue recibida en un hogar preparado por su Creador. De igual manera, cada persona puede confiar en que Dios no es indiferente a sus necesidades. El mismo Señor que preparó el Edén sigue mostrando cuidado por sus hijos, aun en medio de las dificultades de un mundo que ya no es perfecto.
Enseñanza espiritual: La Creación no solamente habla del poder de Dios; también muestra su amor, su sabiduría y su interés por la felicidad de sus criaturas.
2. El diseño perfecto de Dios da valor y dignidad a cada ser humano
Texto de apoyo: Génesis 1:27
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó».
Cuando Dios creó las plantas y los animales, el relato de Génesis presentó su existencia como resultado de la palabra divina. Pero al hablar de la humanidad, la narración adquiere un carácter especial. Génesis 2:7 describe a Dios formando al hombre del polvo de la tierra y dándole aliento de vida. Después, Génesis 2:21-22 presenta la creación de la mujer. Estos relatos muestran que la humanidad ocupa un lugar particular dentro de la obra creadora.
La Biblia enseña que el hombre y la mujer fueron creados a imagen de Dios. Esto no significa que sean dioses ni que tengan todos sus atributos. Significa que recibieron capacidades y responsabilidades que reflejan, de una manera limitada, el carácter de su Creador. Pueden pensar, amar, tomar decisiones, establecer relaciones y reconocer valores espirituales. Fueron creados para vivir en comunión con Dios y representar su carácter mediante una vida de amor y justicia.
Esta enseñanza es importante en un mundo donde muchas personas miden su valor por su apariencia, sus estudios, el dinero que poseen o la opinión de los demás. Hay quienes se sienten inferiores porque no han alcanzado determinadas metas. Otros viven comparándose constantemente con personas que parecen tener una vida mejor. Sin embargo, el relato de la Creación recuerda que la dignidad humana no comienza con los logros personales, sino con el hecho de haber sido creada a imagen de Dios.
El valor de una persona tampoco desaparece cuando envejece, pierde su trabajo, enfrenta una enfermedad o atraviesa momentos difíciles. El pecado ha dañado la vida humana, pero no ha eliminado el amor de Dios por la humanidad. Cada persona sigue siendo alguien por quien Cristo estuvo dispuesto a entregar su vida. Por eso nadie debe ser tratado como si fuera insignificante, y nadie debería considerar que su existencia carece de propósito.
El diseño perfecto de Dios también enseña que el hombre y la mujer poseen la misma dignidad delante de su Creador. Ambos fueron creados a su imagen y recibieron la responsabilidad de cuidar la Tierra. En Génesis 2 se presenta el establecimiento del matrimonio como una relación de compañerismo y unidad. La intención divina no era que el poder, el desprecio o la violencia gobernaran las relaciones, sino que estuvieran marcadas por el amor, el respeto y la ayuda mutua.
Enseñanza espiritual: El valor del ser humano no depende de lo que posee o consigue, sino de Aquel que le dio la vida. Cada persona merece ser tratada con dignidad porque fue creada por Dios.
3. El diseño perfecto de Dios incluye relaciones basadas en el amor y la unidad
Texto de apoyo: Génesis 2:18
«No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él».
Hasta este momento del relato, Dios había declarado que su obra era buena. Sin embargo, Génesis 2:18 presenta algo que todavía no era bueno: la soledad del hombre. Adán vivía en un mundo perfecto, rodeado de belleza y sin conocer el sufrimiento. Tenía trabajo, alimento y una relación directa con Dios. Aun así, el Creador sabía que necesitaba una compañera con quien compartir la vida. Por eso formó a Eva y estableció el matrimonio.
Cuando Jesús recordó este acontecimiento en Mateo 19:4-6, destacó la importancia de esa unión. El matrimonio no apareció como una invención posterior de la sociedad, sino como parte del propósito divino desde el comienzo. Dios estableció una relación en la que el hombre y la mujer pudieran acompañarse, cuidarse y construir una vida juntos. En el Edén, esa relación no estaba marcada por la desconfianza, el egoísmo ni la lucha por dominar al otro.
El pecado cambió profundamente las relaciones humanas. Después de la desobediencia, Adán y Eva comenzaron a experimentar vergüenza, miedo y dificultades para asumir sus responsabilidades. Aquella armonía que habían disfrutado empezó a quebrarse. Desde entonces, la historia humana ha estado llena de conflictos familiares, palabras que hieren, promesas incumplidas y relaciones dañadas por el orgullo. Pero esas consecuencias no deben confundirse con el propósito original del Creador.
Jesús enseñó que era necesario mirar nuevamente al principio. Esto implica comprender que el amor verdadero no se sostiene solamente en sentimientos agradables, sino también en la fidelidad, el respeto, el perdón y el compromiso. Una familia que desea honrar a Dios necesita cultivar diariamente estos principios. No basta con afirmar que Dios instituyó el matrimonio; también es necesario reflejar su carácter mediante la forma en que se trata a los demás.
El principio del amor también se extiende a otras relaciones. Los hijos necesitan cuidado y comprensión; los padres necesitan respeto; los amigos necesitan sinceridad; las personas mayores necesitan compañía y consideración. Incluso quienes no están casados forman parte del propósito de Dios para una humanidad llamada a vivir en amor y comunión. Ninguna persona pierde su dignidad o su valor espiritual por su estado civil.
El diseño perfecto de Dios recuerda que las relaciones deben ser espacios de cuidado, no de temor. El compromiso cristiano no justifica la violencia ni obliga a permanecer sin protección frente al abuso. El Dios que creó a la humanidad con dignidad también llama a proteger la vida y tratar a cada persona con respeto.
Enseñanza espiritual: El Creador no diseñó a la humanidad para vivir dominada por el egoísmo, sino para desarrollar relaciones donde el amor, el respeto y la fidelidad reflejen su carácter.
4. El diseño perfecto de Dios incluye un tiempo especial para recordar al Creador
Texto de apoyo: Génesis 2:2-3
«Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo».
Uno de los acontecimientos más importantes del relato de la Creación ocurrió después de que Dios terminó de formar el mundo. Génesis enseña que el Señor reposó en el séptimo día, lo bendijo y lo santificó. No descansó porque estuviera cansado. El Creador no necesita recuperar fuerzas como los seres humanos. Su reposo señaló que la obra estaba terminada y que aquel día había sido apartado de manera especial.
Resulta significativo que el sábado aparezca antes de la entrada del pecado. Fue establecido cuando la humanidad todavía vivía en armonía con su Creador. Por eso, desde la comprensión adventista de las Escrituras, el sábado no se considera únicamente una institución relacionada con el pueblo de Israel, sino un regalo que tiene su origen en la Creación. Es un día que recuerda quién hizo el mundo, de dónde procede la vida y a quién pertenece la adoración.
Éxodo 20:8-11 relaciona directamente el cuarto mandamiento con la Creación. Dios llamó a su pueblo a recordar el sábado porque él había hecho los cielos, la tierra y el mar en seis días, y había reposado el séptimo. De esta manera, cada semana ofrece una oportunidad para reconocer que el ser humano no es dueño absoluto de su existencia. Su vida, sus capacidades y los recursos que utiliza son regalos recibidos del Creador.
En una sociedad donde el valor de las personas suele medirse por cuánto producen, el sábado transmite una enseñanza profundamente necesaria. Recuerda que la vida vale más que el trabajo, que las relaciones necesitan tiempo y que la comunión con Dios no debe quedar relegada al final de una lista interminable de ocupaciones. Durante seis días se realizan numerosas responsabilidades, pero el séptimo invita a detenerse para adorar, descansar y agradecer.
Guardar el sábado no consiste solamente en dejar de trabajar. Su propósito es disfrutar de una relación más cercana con Dios y compartir su amor con los demás. Jesús enseñó en Marcos 2:27 que el sábado fue hecho por causa del hombre. También mostró, mediante sus obras de sanidad y misericordia, que este día es una oportunidad para hacer el bien. Así, el sábado se convierte en un recordatorio semanal de la Creación y en una expresión práctica del cuidado divino.
El diseño perfecto de Dios incluye descanso porque el Creador sabe que la humanidad necesita algo más que alimento y obligaciones. Necesita paz, comunión, esperanza y momentos para recordar que su vida tiene un propósito eterno.
Enseñanza espiritual: El sábado es un regalo del Creador que invita a detenerse, agradecer y recordar que la vida encuentra su verdadero sentido en la relación con Dios.
5. El diseño perfecto de Dios será restaurado por Jesucristo
Texto de apoyo: Apocalipsis 21:5
«He aquí, yo hago nuevas todas las cosas».
Cuando Dios terminó la Creación, todo era bueno en gran manera. Sin embargo, el mundo actual presenta una realidad muy diferente. Existen enfermedades, violencia, injusticia, desastres y muerte. Las personas sufren, las familias enfrentan pérdidas y la naturaleza muestra las consecuencias de vivir en un planeta afectado por el pecado. Ante esta situación puede surgir una pregunta: ¿qué sucedió con el diseño perfecto de Dios?
La respuesta bíblica se encuentra en Génesis 3. Adán y Eva desobedecieron la indicación divina y el pecado entró en la experiencia humana. La relación con Dios fue afectada y aparecieron el temor, la vergüenza y la muerte. El problema no estuvo en que Dios hubiera creado un mundo defectuoso, sino en que la humanidad se apartó de su voluntad. El pecado dañó aquello que originalmente había sido bueno.
Pero Dios no abandonó su Creación. Desde el comienzo anunció que habría una respuesta al problema del mal. La promesa de Génesis 3:15 señaló hacia la victoria final sobre el enemigo. Con el paso del tiempo, las Escrituras revelaron que esa esperanza se cumpliría mediante Jesucristo. El mismo Señor que estuvo presente en la Creación vino al mundo para salvar a la humanidad. Juan 1:3 enseña que todas las cosas fueron hechas por medio de él, y Colosenses 1:16 confirma su participación en la obra creadora.
Esta verdad permite comprender la profundidad del amor divino. El Creador no observó desde lejos el sufrimiento de sus criaturas. Jesucristo entró en la historia humana, conoció el dolor y entregó su vida para ofrecer salvación. Por medio de su muerte y resurrección abrió el camino para que el pecado y la muerte no tuvieran la última palabra. El propósito de la redención no consiste solamente en perdonar el pasado, sino también en transformar la vida presente y preparar a los creyentes para la restauración final.
Apocalipsis 21:1-4 presenta la promesa de un cielo nuevo y una tierra nueva. Allí Dios habitará con su pueblo y desaparecerán la muerte, el llanto y el dolor. La Biblia termina mostrando el cumplimiento de una esperanza que comenzó en Génesis: una humanidad viviendo nuevamente en comunión perfecta con su Creador. Lo que el pecado destruyó no permanecerá destruido para siempre.
Mientras llega ese día, Dios también realiza una obra de restauración en el corazón humano. Segunda de Corintios 5:17 enseña que quien está en Cristo es una nueva criatura. Esto significa que el Señor puede transformar una vida dominada por el resentimiento, devolver esperanza a quien ha perdido la alegría y enseñar a amar a quien ha vivido encerrado en el egoísmo. La restauración completa llegará con el cumplimiento de las promesas divinas, pero la transformación espiritual puede comenzar desde ahora.
Enseñanza espiritual: El pecado dañó la Creación, pero no derrotó el propósito de Dios. Jesucristo vino para salvar a la humanidad y promete restaurar todas las cosas.
Ilustración: El jardín que parecía perdido
En un pequeño pueblo había un hombre que dedicaba buena parte de su tiempo a cuidar un jardín. Había sembrado árboles, cultivado flores y preparado cuidadosamente los caminos. Cada planta ocupaba un lugar que él había escogido. Algunos árboles daban sombra, otros producían frutos y las flores llenaban de color los espacios vacíos.
Durante años, aquel jardín fue un lugar hermoso. Las personas que pasaban cerca se detenían a admirarlo. Sin embargo, un día llegó una tormenta muy fuerte. El viento arrancó ramas, la lluvia destruyó algunas plantas y el agua dejó grandes cantidades de lodo sobre los caminos.
Cuando terminó la tormenta, el jardín parecía irreconocible.
Un vecino observó los daños y comentó que ya no tenía sentido intentar recuperarlo. Las flores estaban destrozadas y los árboles habían perdido muchas de sus ramas.
Pero el dueño respondió que no estaba dispuesto a abandonarlo.
Comenzó a retirar las ramas caídas, limpiar los caminos y preparar nuevamente la tierra. Algunas plantas tuvieron que ser reemplazadas y otras necesitaron cuidados especiales. La recuperación no ocurrió de un día para otro, pero poco a poco el jardín comenzó a mostrar señales de vida.
Tiempo después, las flores volvieron a abrirse y los árboles comenzaron a dar nuevos brotes.
La diferencia estaba en que el dueño conocía el propósito original del jardín. Sabía cómo lo había diseñado y estaba dispuesto a trabajar para restaurarlo.
Esta ilustración ayuda a comprender una verdad espiritual.
Dios creó un mundo perfecto, pero el pecado dañó profundamente su obra. La humanidad perdió la armonía que disfrutaba en el Edén y la Tierra comenzó a experimentar sufrimiento y muerte.
Sin embargo, el Creador no abandonó su propósito.
Por medio de Jesucristo comenzó una obra de redención que culminará con la restauración de todas las cosas.
Así como el dueño del jardín no dejó de amarlo cuando fue destruido, Dios no dejó de amar a la humanidad cuando el pecado entró en el mundo.
La diferencia es que la promesa divina es todavía mayor: Dios no solamente ofrece reparar algunas consecuencias del pecado, sino hacer nuevas todas las cosas.
Dos enseñanzas de Elena G. de White sobre la Creación
Primera cita: La naturaleza revela el amor del Creador
Elena G. de White escribió:
«La Naturaleza y la revelación a una dan testimonio del amor de Dios».
El camino a Cristo, capítulo 1, «Amor supremo», p. 9, edición de 1993.
Esta declaración recuerda que la Creación no solamente permite contemplar la grandeza de Dios, sino también reconocer su amor. Los elementos de la naturaleza hablan de un Creador que se preocupa por sus criaturas.
Aunque el mundo se encuentra afectado por el pecado, todavía conserva señales del cuidado divino. La belleza de una flor, el alimento que produce la tierra y el orden de los ciclos naturales pueden despertar gratitud hacia el Señor.
La contemplación de la naturaleza también invita a reconocer la responsabilidad humana de cuidarla. Si el mundo pertenece a Dios, los seres humanos no deben tratarlo como si fuera un recurso sin valor. La buena administración de la Creación es una manera de honrar al Creador.
Segunda cita: El sábado recuerda la obra de la Creación
En El Deseado de todas las gentes, Elena G. de White declaró:
«El Sábado fué santificado en ocasión de la creación».
El Deseado de todas las gentes, capítulo 29, «El sábado», p. 248.
Esta enseñanza confirma la relación que existe entre el sábado y el relato de Génesis. El descanso del séptimo día no apareció como una respuesta al cansancio humano ni como una costumbre creada siglos después.
Su origen se encuentra en la misma semana de la Creación.
Cada sábado ofrece la oportunidad de recordar que Dios es el autor de la vida. También invita a reconocer que el ser humano necesita comunión espiritual, descanso y tiempo para compartir con quienes ama.
El sábado no debe convertirse en una carga que oculte el carácter de Dios. Debe ser recibido como una bendición que acerca el corazón al Creador y recuerda la alegría de pertenecerle.
Aplicación práctica: ¿Cómo vivir de acuerdo con el diseño perfecto de Dios?
El mensaje de Mateo 19:4 no debe quedarse solamente como una explicación de lo sucedido en el Edén. Las enseñanzas de la Creación tienen consecuencias prácticas para la vida diaria.
Primero, cada persona necesita recordar que su vida tiene valor. En momentos de fracaso, cansancio o tristeza, es fácil creer que la existencia ha perdido su propósito. Pero conocer al Creador permite recordar que la dignidad humana no depende de las circunstancias. Dios conoce a cada uno de sus hijos y desea que encuentren esperanza en él.
Segundo, es necesario aprender a valorar y cuidar las relaciones. En el principio, Dios creó a la humanidad para vivir en amor y comunión. Por eso, la vida cristiana debe reflejarse en el trato cotidiano. Las palabras amables, la paciencia, el respeto y la disposición a perdonar son maneras sencillas de reflejar el carácter divino.
Tercero, conviene recuperar el hábito de contemplar la Creación con gratitud. Muchas veces las preocupaciones impiden disfrutar de las bendiciones más sencillas. Observar el cielo, caminar entre los árboles o escuchar el canto de las aves puede convertirse en una oportunidad para agradecer a Dios por la vida.
Cuarto, el sábado debe ocupar el lugar que Dios le dio. No solamente como un día para asistir a la iglesia, sino como un tiempo especial para fortalecer la relación con el Señor, descansar de las responsabilidades habituales, compartir con la familia y ayudar a quienes lo necesitan.
Quinto, es importante recordar que Jesucristo puede transformar la vida. Tal vez haya personas que miran su pasado y solamente encuentran decisiones equivocadas. Otras sienten que sus relaciones están dañadas o que han perdido la paz espiritual. La promesa de Dios es que nadie necesita permanecer sin esperanza. Por medio de Cristo es posible encontrar perdón, comenzar nuevamente y avanzar hacia una vida guiada por su amor.
Vivir según el diseño perfecto de Dios no significa alcanzar una existencia sin problemas. Significa reconocer al Creador como la autoridad de la vida y permitir que sus principios orienten las decisiones de cada día.
Llamado espiritual: Regresar al propósito del Creador
Cuando Jesús respondió a los fariseos, los llevó nuevamente al principio.
No los invitó a buscar solamente lo que era permitido por las costumbres humanas, sino a recordar lo que Dios había establecido desde la Creación.
Esa invitación continúa siendo necesaria.
La humanidad ha avanzado en numerosos aspectos, pero sigue necesitando respuestas a las preguntas más importantes de la existencia.
¿De dónde viene la vida?
¿Por qué el ser humano tiene valor?
¿Cuál es el propósito de las relaciones?
¿Por qué es importante descansar y adorar?
¿Existe esperanza para un mundo lleno de sufrimiento?
La Biblia responde a estas preguntas presentando a un Creador que hizo todas las cosas por amor y que no abandonó a sus criaturas cuando el pecado apareció.
Por eso, el llamado de este mensaje no consiste simplemente en admirar la belleza del Edén. Consiste en reconocer al Dios del Edén como Señor de la vida presente.
Cada persona puede preguntarse si ha permitido que las preocupaciones, las costumbres o las decisiones personales ocupen el lugar que corresponde al Creador.
Tal vez sea necesario recuperar el hábito de estudiar la Biblia, fortalecer la vida de oración, dedicar más tiempo a la familia o aprender a descansar en las promesas divinas.
Pero hay una decisión todavía más importante: entregar el corazón a Jesucristo.
Él es el Creador y también el Salvador. Por medio de él existe perdón para el pasado, dirección para el presente y esperanza para el futuro.
El Dios que creó un mundo perfecto también tiene poder para transformar un corazón imperfecto.
La invitación es a volver al Señor, reconocer su amor y permitir que su voluntad dé dirección a la vida.
Porque el verdadero propósito de la existencia no se encuentra solamente en lo que el ser humano puede conseguir, sino en conocer y amar a Aquel que le dio la vida.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué enseña Mateo 19:4 acerca de la importancia que Jesús daba al relato de la Creación?
- ¿Cómo cambiaría la manera de tratar a los demás si cada persona recordara que todos fueron creados a imagen de Dios?
- ¿Qué aspectos de la vida actual pueden estar alejándose del propósito original del Creador?
- ¿De qué manera el sábado ayuda a recordar el amor y el poder de Dios?
- ¿Qué esperanza ofrece la promesa de una Tierra nueva a quienes sufren las consecuencias del pecado?
Frase destacada
«Desde el principio, Dios creó con amor, dio vida con propósito y preparó un futuro que el pecado no podrá destruir».
Conclusión: El Creador sigue teniendo un propósito para su obra
Mateo 19:4 presenta a Jesús recordando una verdad fundamental: la humanidad tiene su origen en Dios. Cuando quiso enseñar acerca del matrimonio, regresó al principio, donde el Creador había establecido su voluntad.
Ese mismo principio permite comprender otras enseñanzas de la Biblia. La Creación revela el amor y el poder divinos. El ser humano fue hecho a imagen de Dios y recibió dignidad, responsabilidades y capacidad para relacionarse con su Creador. El matrimonio fue establecido como una unión de amor y compañerismo, y el sábado fue bendecido como un tiempo especial para recordar la obra creadora.
Sin embargo, el pecado dañó aquel mundo perfecto. Las relaciones comenzaron a experimentar conflictos, apareció el sufrimiento y la muerte se convirtió en una realidad dolorosa.
A pesar de todo, Dios no abandonó a la humanidad.
Jesucristo vino para salvar a sus criaturas y ofrecerles una esperanza que va más allá de esta vida. Su promesa de hacer nuevas todas las cosas muestra que el propósito divino no terminará en un mundo destruido por el pecado.
Llegará el día en que la Tierra será restaurada y los redimidos vivirán nuevamente en perfecta comunión con Dios.
Mientras tanto, cada persona tiene la oportunidad de conocer al Creador, aceptar la salvación ofrecida por Cristo y aprender a vivir según los principios de su amor.
La Creación revela de dónde viene la humanidad; la redención muestra cuánto la ama Dios; y la Tierra nueva anuncia el futuro que él ha preparado para sus hijos.
Oración final
Amado Padre celestial:
Gracias por ser el Creador de los cielos y de la Tierra. Gracias porque desde el principio preparaste un mundo lleno de belleza, armonía y amor.
Ayuda a cada persona a comprender que su vida tiene valor porque procede de tus manos. Que nadie olvide que fue creado con dignidad y que tiene un propósito delante de ti.
Señor, enseña a las familias a vivir con respeto, paciencia y amor. Restaura las relaciones que han sido dañadas y concede sabiduría para tomar decisiones que honren tu voluntad.
Ayuda a tus hijos a reconocer tu presencia en las maravillas de la naturaleza y a recibir el sábado como un regalo especial para fortalecer la comunión contigo.
Perdona las veces en que las preocupaciones de la vida han ocupado el lugar que te corresponde. Renueva los corazones y permite que cada día reflejen un poco más el carácter de Jesús.
Gracias porque, aunque el pecado dañó tu hermosa Creación, has prometido hacer nuevas todas las cosas.
Que la esperanza de la Tierra nueva fortalezca la fe de quienes sufren y recuerde a cada creyente que el futuro está seguro en tus manos.
En el precioso nombre de Jesús.
Amén.
